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Ahedo de las Pueblas versus Pedrosa de Valdeporres

publicado a la‎(s)‎ 18 jul. 2015 10:08 por Óscar Ruiz   [ actualizado el 16 mar. 2016 3:27 ]
Ahedo de las Pueblas versus Pedrosa de Valdeporres: dos concepciones distintas de organizar un campeonato de bolos.


En las Merindades no llega al 10% el número de pueblos que aún celebran concursos de bolos. Algunos los hacen con la intención de obtener dinero que ayude a financiar las fiestas, otros están pensados sobre todo para atraer a los mejores jugadores, otros por el contrario le dan más importancia a la participación como motor de la recuperación. Los hay masculinos, femeninos, mixtos, infantiles, juveniles e incluso
transversales. Los hay a bolos, con el mico a la mano y al pulgar, al centro, a calva, a bolos y pasabolos,… Unos los hacen solo para los del pueblo, otros los anuncian tímidamente entre numerosas actividades de las fiestas y los que realmente quieren que vengan gente de fuera a participar, suelen ser los más "gallitos" y elaboran un programa con los detalles del campeonato.

En cualquier caso en la diversidad, en la variedad,... está el interés y la riqueza del juego. Todos son respetables y deseables porque un concurso de bolos es como una ventana abierta en un muro que aporta luz a tanta oscuridad.

Traigo a colación estos dos concursos en los que participé el pasado verano. Los dos pueblos son de la Merindad de Valdeporres y puede ser interesante compararlos porque son bien distintos y reproducen dos de los modelos de campeonatos vigentes en diversos pueblos de las Merindades.

En Pedrosa de Valdeporres acudí el dos de agosto a la bolera cubierta que hay junto al río de La Engaña. Me inscribí y me atendieron, como siempre, muy amablemente. El espacio de juego está muy bien y es ideal para hacer bolos. Les pregunté si había bolas propias de la bolera para que yo pudiera tirar con ellas. Se sorprendieron de que un jugador como yo no trajera bolas pero me indicaron tres o cuatro. Podía haberlas pedido prestadas porque hubo varios que me ofrecieron las suyas pero, aunque se lo agradecí, insistí en que quería tirar con las del pueblo. Sin embargo me di cuenta de que no eran bolas buenas. ¡Qué iba a hacer entre tantos buenos jugadores con aquellas bolas! - me dije. Aún así pensé: “si gano va a ser una hazaña para recordar”. Como sabéis, de ilusiones vive el hombre y la realidad - la mayoría de las veces - es bien distinta. No voy a explicar aquí mi tirada bola por bola. En cualquier caso me fui satisfecho porque tiré no bien sino muy bien, tanto que si hubiera tirado con unas bolas buenas habría cuanto menos igualado al que ganó que hizo una tirada excepcional.

Si analizamos este campeonato pensando en el futuro de los bolos, creo que cuando se dejan meter bolas propias a la bolera como hacen en Pedrosa y otros pueblos deberían de tener al menos un par de bolas de calidad porque, si no, cómo se van a animar a tirar las personas que no tienen bolas en propiedad que siempre son mayoría en las fiestas de los pueblos.

Hace un tiempo comenté por qué no llevo mis bolas de madera a un concurso de bolos que no sea oficial.

A la semana siguiente, el día 9 de agosto, subí al campeonato de Ahedo de las Pueblas. Allí, al contrario que en Pedrosa, querían igualdad total y no dar ventajas a nadie por lo que todo el mundo tenía que tirar con las bolas propias del pueblo que eran, por cierto, muy buenas. La participación y el público fue mucho mayor en Ahedo que en Pedrosa a pesar de que se cobraba lo mismo: 3€ y daban 135€ en premios frente a los 300€ de Pedrosa de Valdeporres.

Como veis, dos campeonatos, dos concepciones distintas; la primera se nutre casi exclusivamente de jugadores federados y la segundo de todo el mundo: de jugadores federados y de los que no lo son, lo cual nos hace plantearnos la siguiente reflexión: ¿las fiestas de un pueblo para quién están pensadas?


Óscar Ruiz, julio 2015.