Blog

JUEGOS DE BOLOS EN LAS MERINDADES Y COMARCAS LIMÍTROFES

Bolos con el mico y pasabolos en la misma cureña

publicado a la‎(s)‎ 23 abr. 2019 3:42 por Óscar Ruiz   [ actualizado el 8 may. 2019 1:57 ]

Al fondo, la iglesia de Para (Espinosa de los Monteros) nos hace reconocer la ubicación de las dos fotografías.

La foto de la izquierda aparece en la revista de Pasabolo nº 5, atribuida por equivocación al cercano pueblo de Barcenillas de Cerezos. No sabemos la fecha; tal vez de los años 90. Se trata de la bolera de Pasabolo Tablón “El Campo”. Fijaos que tenía “parabolas”, es decir, un parapeto de neumáticos para frenar la bola .

La foto de la derecha es anterior. Está datada hacia 1955-60 y su propietaria es Elena Martín. Aunque no se ve toda la bolera, a la izquierda se aprecia muy bien la viga final que frenaba las bolas. No había aún el "parabolas" propio del Pasabolo Tablón porque, probablemente, se jugaba por entonces en Para, como en tantos pueblos de las Merindades, a un juego de bolos mixto primitivo, de bolos con mico y pasabolos, que está en el origen de los deportes modernos de Bolos Tres Tablones y Pasabolo Tablón. 


Me gustan ambos deportes, practico el primero pero disfruto con la diversidad de aquella manera primitiva y sabia de jugar por lo que, en ocasiones, juego con los amigos, en la misma partida, tanto a bolos con el mico como a pasabolos, tirando desde el “cas” y sin carrera. Obliga al jugador a tirar la bola más rasa, sin tanta parábola y confiere al juego, la espectacularidad con que jugaban nuestros abuelos que recuerdo muy bien de mi infancia. Para mí, ahí se encuentra el jugador total, en el juego libre e imaginativo que representa la complejidad frente a la simplificación, el ajedrez frente a las damas.

Bolas públicas, reducción del diámetro de las bolas a 25 cm, control de peso,... son otras de las ideas que, en mi opinión, harían de los Bolos Tres Tablones un deporte más complejo, igualitario, divertido y emocionante.

Por cierto, no busquéis esta bolera, ya no existe. En su lugar hay un parque de juegos infantiles, un ejemplo más de la aculturación que sufre Las Merindades.

Óscar Ruiz, abril 2019.

Volumen, masa, densidad y bolas

publicado a la‎(s)‎ 22 mar. 2019 13:09 por Óscar Ruiz   [ actualizado el 27 mar. 2019 4:09 ]

Supongamos que tenemos una bola de nogal muy pesada que nadie tira y queremos reducir su volumen hasta lograr un peso deseado. Para conseguirlo debemos encargarle al artesano que tornee la bola entera salvo lógicamente por su “agarradera”, “asa” o “llave”, porque si no la estropearíamos. Conocemos el peso de la bola pero no sabemos en cuánto se nos quedaría si le quitamos un centímetro, dos o más de diámetro. Si hallamos el volumen y la densidad nos haremos una idea más precisa.

El primer paso es calcular la masa que tendría la bola si no hubiésemos tallado la “agarradera”. Para conseguirlo hay que llenar la agarradera con un material de una densidad semejante al nogal que, aproximadamente, está entre 0,6 y 0,8 g/cm3. Si lo rellenamos de serrín la densidad es más baja entre 0,31 y 0,51 g/cm3 y si lo hacemos de arena fina, más elevada entre 1,4 y 1,65 g/cm3. Basta con que multipliquemos o dividamos el relleno por dos para calcular, aproximadamente, la masa que tendría la bola si aún no se hubiera tallado la “agarradera”.

Supongamos que la bola tiene 28 cm de diámetro y 8000 gramos de masa, incluido el peso estimado del interior rellenado de la “agarradera”.

Después hallamos el volumen de la bola multiplicando 4 por PI (3,1416) por el radio (14 cm) al cubo dividido entre tres:

Volumen de la bola = 4πr³/3


 Diámetro (cm)  Volumen (cm3) Masa (g) Densidad (g/cm3) 
  28 11494,07 8000 0,696 
  27,5  10889,24 7579 0,696 
  27 10306,02 7173  0,696 
  26,5  9743,99  6782  0,696  
  26  9202,79 6405 0,696 
  25,5  8682,01 6043 0,696 
  25  8181,25  5694 0,696 
  24,5  7700,13 5359  0,696 
  24   7238,25 5038 0,696 
  23,5  6795,22 4730 0,696 
  23  6370,64 4434 0,696 


Fórmulas:

Volumen de una esfera = 4πr³/3 (4*PI*radio al cubo/3)

M = d*v (masa = densidad*volumen)

D = m/v (densidad = masa/volumen)

V = m/d (volumen = masa/densidad)


Si la bola de 28 cm pesa 8000 gramos (relleno de la “agarradera” estimado incluido) hallaremos la densidad:

8000 g de masa/11494,07 cm3 de volumen = 0,696 g/cm3 de densidad.

Si quisiéramos reducir el peso hasta aproximadamente unos 6000 gramos, viendo la tabla sabríamos que con 25,5 cm de diámetro pesaría 6043 g = 0,696 g/cm3 de densidad x 8682,01 cm3 de volumen. A este peso habría que restarle el que hubiéramos calculado al relleno del hueco de la “agarradera”, para saber el peso exacto en que se nos quedaría la bola.


Óscar Ruiz, marzo 2019.           

Gigantes, Infantes, Ángeles y Bolos

publicado a la‎(s)‎ 19 mar. 2019 10:29 por Óscar Ruiz   [ actualizado el 20 mar. 2019 1:38 ]

Que los Gentiles (gigantes de fuerza sobrehumana) jugaban a los bolos con grandes piedras esféricas de varias arrobas, algunas de las cuales aparecieron en las laderas del monte Untzueta (Vizcaya), es una explicación poética de mitología popular para una realidad más prosaica.

Igualmente envuelve nuestra imaginación con un halo misterioso, las siete grandes piedras blancas cercanas al pueblo de Barbadillo del Mercado (Burgos) que jugando a los bolos según la tradición, los Infantes de Lara habrían arrojado desde su castillo, que se encuentra a más de dos leguas castellanas de allí.

También se decía a los niños de algunos pueblos de Las Merindades, que aquellos truenos espantosos de los días de tormenta, eran porque los Ángeles jugaban a los bolos en el cielo y que, incluso, entre las nubes y las cumbres de las montañas los pastores, en ocasiones, disputaban reñidas partidas con ellos. Hace poco me hablaron de Protógenes, pastor del pueblo de Tudanca de Ebro (Los Altos), quien mandó construir una caja de tres dedos de gruesa (le serviría de cureña) e hizo meter en la misma una bola, el mico y tres bolos para jugar con los Ángeles en el Cielo, después de su muerte.

Óscar Ruiz, marzo 2019.

Muerte de un jugador

publicado a la‎(s)‎ 12 feb. 2019 5:23 por Óscar Ruiz   [ actualizado el 12 feb. 2019 10:23 ]

No es lo mismo jugar a los bolos que ser “jugador”. Cualquiera puede jugar a los bolos pero ser “jugador” es otra cosa; la palabra, en las Merindades, adquiere un valor cualitativo que solo los entendidos manejan con propiedad. Alude a alguien que no solo juega sino que lo hace bien: “ese que tira es jugador” se suele afirmar ponderativamente. 

Fulgencio Solana Fernández, natural de Espinosa de los Monteros, tenía sin duda tal condición. Murió en 1889 con tan solo 27 años, en Sestao. La causa: el impacto de una bola. El origen de la tragedia: una distracción.

La noticia aparece en periódicos de la época, al menos en El Eco Nacional y en La Iberia y también es recogida, recientemente, en la pág. 45 de un artículo de José Ignacio Homobono: Los bolos a katxete en Barakaldo y en la zona minerofabril (1865-2014), quien nos precisa, —citando el libro de Eleuterio Gago: Cien historias de la historia de Sestao. Bilbao. 1995: págs. 446-447— que estaban jugando a otros bolos distintos del katxete, en concreto al pasabolo y que este accidente se produjo en el carrejo de la Vega Nueva “Donde un inmigrante de Espinosa de los Monteros y afincado en Bilbao, Fulgencio Solana, que había ganado una puesta que se disponía a recoger, cruzó el campo de juego con tan mala fortuna que su cabeza quedó destrozada por la bola lanzada por Antonio del Hierro, su amigo y paisano”.

La noticia produce perplejidad, extrañeza. Piensas que tal vez, por desconocimiento, no hayan sabido transcribir con precisión lo que realmente ocurrió. Que lo que lo mató, en realidad, fue uno de los bolos que salió volando y no la bola. Sin embargo, las tres fuentes coinciden en que fue la bola y además, ahondando en la fatalidad, que la lanzó su amigo.

¿Cómo pudo ser entonces? Puestos a hacer cábalas pienso que el impacto no fue tras lanzar la bola sino en el desplazamiento previo de la bola hacia atrás, en el que se produce también una gran aceleración. Me imagino al joven espinosiego presto a tirar y escuchar a sus espaldas: “Un duro a tres a la viga”. Volverse seguro de sí mismo y, como templado jugador, aceptar. Tirar, ganar la apuesta y disponerse ufano a cobrarla. Mientras tanto, Antonio iniciaba su tirada y Fulgencio que, ajeno a su triste sino, estaba tras su amigo recogiendo aún el dinero, se volvió —fatalmente ensimismado en su victoria— en el preciso instante en que aquel desplazó la bola hacia atrás con violencia, recibiendo el terrible impacto.

Creo que debió de ser así. Creo, además, que no estaban jugando al Pasabolo Tablón actual en donde el jugador coge carrera, se acerca a la “cureña” y lanza la bola a ras de suelo sino que debían estar jugando al pasabolo antiguo que 
se jugaba en el norte de la provincia de Burgos antes de que el Pasabolo Tablón, que es una evolución más “moderna” de aquella vetusta manera de jugar, lo desplazara. Es decir, a un juego a pie quieto sin carrera en el que se tiraba la bola por el aire desde el “cas”, semejante en su ejecución al actual juego de Bolos Tres Tablones (una manera de jugar al pasabolo ya perdida que, por cierto, debo de ser el único que aún la practica y que os animo a probar). La emigración que tanto contribuyó al desarrollo industrial de Vizcaya, fue probablemente la responsable de que este juego antiguo se difundiera, sobre todo, en la margen izquierda del Nervión. Aún así, aunque fuera a este tipo de pasabolo, también parece imposible que recibiera un impacto en la cabeza tras lanzar la bola porque su trayectoria apenas excede de la altura de la cadera.

Las noticias antiguas que nos llegan de los bolos tienen que ver con multas o reyertas (nunca falta algún navajazo) pero es muy raro encontrar una noticia con estas fatales consecuencias. Sin embargo, los bolos, como cualquier deporte, tienen un cierto nivel de peligrosidad si no se tiene una mínima precaución. Es lo primero que enseño a los niños. Es muy importante, por lo tanto, recordar que cuando se está dentro de la bolera, hay que saber dónde situarse y, sobre todo, estar atentos al desarrollo del juego.

No hará más de tres o cuatro años, contemplaba cómo jugaban unos chavales a los bolos en un pueblo cercano al mío. Estaba plácidamente sentado en un banco de madera junto con otras personas del pueblo 
atentos todos a un joven que se disponía a tirar cuando una niña de no más de seis o siete años, atravesó la bolera con la agilidad de una bailarina, totalmente ajena al peligro. Una persona junto a mí, habitualmente muy calmada y comedida, le pegó un grito desesperado. La niña se asustó, se lo dijo a su hermano mayor y este avisó a su madre que vino enfadada a pedir cuentas. No entendía la madre que aquel grito que le salió del alma, era el grito de impotencia de un jugador consciente de la tragedia que podría haber ocurrido. 

Óscar Ruiz, febrero 2019.

Rara avis

publicado a la‎(s)‎ 12 feb. 2019 4:22 por Óscar Ruiz   [ actualizado el 12 feb. 2019 4:33 ]

Estas bolas tienen ya unos cuantos años y están como nuevas. Mejor que nuevas. Las vendo. ¿Quieres saber por qué? Léete primero su historial:

Se las compré hace unos quince años a un maderero. Una es de nogal y la otra, según me dijo, de un árbol de esos que llaman de las carreteras: un arce, acerón o escarrio. Son duras y arrastran que da gusto por la cureña. Las llaves, espléndidas, las talló Manuel Secunza, el famoso bolero de Ampuero. Llevaban años y años guardadas en la bodega, esperando que el paso del tiempo redujera su peso pero los años pasaban y pasaban… y las bolas se mantenían en sus 7,3 kg. Era un peso excesivo pero no se quería desprender de ellas hasta que por amistad me las vendió. Le encargué a Félix de Valdivielso, un hábil artesano, que redujese su peso hasta 6,4 kg. Su diámetro es el máximo permitido de 28 cm y jugué con ellas solo en ocasiones especiales: la última vez, en el campeonato de Villarcayo, de hace cuatro o cinco años, en donde ganaron al “enemigo” un jamón y algo más de 100€.

Pero como el creyente que pierde la fe o el ateo que la descubre, yo también sentí que debía cambiar cuando, hace unos años, empecé a entrevistar a ancianos jugadores, que miraban con escepticismo y resignación el juego actual. Entendí mejor las razones de su declive. ‹‹Los buenos jugadores eran los de antes, cuando jugaban con bolas pequeñas y cogían los bolos al aire. Ahora, con esas bolas tan grandes, el juego es más sencillo pero mucho menos atractivo››, se lamentaban. Desde entonces juego y enseño con bolas pequeñas.

Nunca llevo bolas a los campeonatos —salvo en los concursos más elitistas en los que ni siquiera tienen bolas públicas— y prefiero aquellos en los que todos tiramos con las mismas bolas, como se hacía antiguamente. En esas contadas ocasiones llevo dos bolas de 25 cm de diámetro y 5 kg de peso; es más difícil ganar pero mi satisfacción es mayor...

Sé que soy una rara avis en este mundo y que los que piensan como yo, ya se van muriendo... Mi esperanza son los niños y las niñas de hoy: los jugadores del mañana.

Óscar Ruiz, julio 2018.

Cuartillos: vino y dinero

publicado a la‎(s)‎ 31 dic. 2018 2:48 por Óscar Ruiz   [ actualizado el 18 feb. 2019 2:24 ]

En tiempos pasados, los bolos era un negocio importante para los taberneros porque las apuestas de cuartillos de vino eran muy frecuentes. En aquellas ocasiones en que la bolera del pueblo se subastaba al mejor postor, las tabernas solían pujar por quedarse con su explotación.

No todo se solía beber en vino. Una cosa es un cuartillo como medida de capacidad (aproximadamente medio litro) y otra es el valor económico que se le pudiera dar. En los años 80 se solía valorar el cuartillo a peseta e incluso a 1,25 pesetas (en este último caso, 1 peseta era para el ganador y 25 céntimos para el tabernero) pero he recogido testimonios de tiempos más antiguos en que el cuartillo se valoraba a real (es decir a 25 céntimos).

De todas las maneras, lo de apostar dinero se solía perseguir y, a veces, se prohibía expresamente como se puede apreciar en este documento de 1944 en el que se saca a subasta el juego de bolos de Cidad de Ebro.

Incluso en algunos pueblos, el mismo tabernero tenía su propia bolera privada y aportaba las bolas y bolos para el juego de sus clientes. Esta imagen que muestra uno de los “juegabolos” de Puentedey, propiedad del recientemente cerrado bar de Victorino, es un claro ejemplo. Junto a la “cureña” se ve a Ángel María Sainz con una bola en la mano, hacia 1950. Dos datos interesantes se pueden apreciar: la cureña era muy estrecha y las bolas mucho más pequeñas que las actuales.

Un jugador de Pasabolo Tablón podrá pensar, al ver un solo tablón, que se trata de su juego pero la presencia del “mico” le confundirá. En realidad, corresponde al actual juego de Bolos Tres Tablones pero con una sola “cureña” como era habitual en numerosos pueblos de las Merindades. En boleras como esta podías jugar a lo que quisieses: a bolos con el mico, a pasabolos, a mico a calva,… pero siempre tirando desde el “cas”; es decir, con un solo paso y sin la carrera que habitualmente hacen en Pasabolo Tablón. Al que le tocaba plantar podía escoger entre un múltiple abanico de posibilidades, en las que el ingenio y el estudio del rival, eran puestos a prueba. Por eso, yo siempre insisto en que las partidas libres son lo más divertido de los bolos porque, en ellas, vuela la imaginación mientras que en la mayoría de los campeonatos se cortan las alas.

Óscar Ruiz, diciembre 2018.

Niños

publicado a la‎(s)‎ 16 dic. 2018 3:12 por Óscar Ruiz   [ actualizado el 16 dic. 2018 4:30 ]

¡Qué difícil es echar una buena partida de cuatro contra cuatro! Sin embargo, recuerdo ahora cómo el pasado mes de agosto echamos una, verdaderamente buena, en Quintanilla del Rebollar. Sí, una de esas partidas de las de antes, en las que te juegas un porrón y pones todos los sentidos. Tuvimos que bramar aquello de <<¡Vamos! ¡Niños! ¡Fuera!>> que nos decían antes. Los niños asombrados se salían de la bolera porque, no sé si lo sabes pero, en mi pueblo, la bolera es su coto privado y allí pasan muchas horas jugando a los bolos en el verano, a la sombra de sus espléndidas nogalas. Para ellos es un acontecimiento extraordinario ver una partida de mayores. Simplemente no están acostumbrados porque son ellos, los más pequeños, los que paradójicamente, mantienen viva esta cultura ancestral.

Pero si la esencia de los bolos son las partidas, los campeonatos también son un termómetro de cómo van los bolos en los pueblos. Hay pueblos que mantienen sus torneos un poco, creo yo, por respetar la tradición pero, en realidad, son solo cuatro los pueblos de la Merindad de Sotoscueva, en donde los niños y niñas juegan con cierta asiduidad: Cornejo, Quintanilla del Rebollar, Redondo y La Parte de Sotoscueva. Donde mejor lo puedes apreciar es en el número y estilo de los chavales que llevan a los concursos. ¡Se nota la clase! y no porque sean ni mejores ni peores sino, simplemente, porque ha habido alguien que se ha molestado en enseñarles. En el resto de pueblos, salvo algún caso aislado, los niños solo tiran el día de la fiesta del pueblo y ya vale… ¡hasta el año que viene! 

Y esta pérdida de la cultura propia, que se hace realidad en muchos pueblos de la Merindad de Sotoscueva, podríamos extrapolarla al resto de municipios de las Merindades. Los niños, sin embargo, no tienen la culpa; solo necesitan que alguien les quiera enseñar.

Óscar Ruiz, diciembre de 2018.

Robredo de las Pueblas 1950

publicado a la‎(s)‎ 31 oct. 2018 3:00 por Óscar Ruiz   [ actualizado el 3 nov. 2018 2:10 ]

Las montañas unen y los hábitos ganaderos tienen mucho que ver. Lo podemos ver tanto al norte como al sur de las Merindades, en los Montes del Somo o en la Sierra de la Tesla.

Hace apenas unos días solicitaba en las redes sociales —con poca fe y consciente de la dificultad— una fotografía antigua de la que carecíamos sobre los bolos en Robredo de las Pueblas, para incorporarla a nuestro mapa de boleras de las Merindades y comarcas limítrofes. Hoy puedo decir que, por pura casualidad, me he encontrado con una de estas imágenes viendo un reportaje sobre el Bolo Pasiego, realizado por PopularTV Cantabria. En el mismo aparece Joaquín Antonio Martínez "Toño" en su casa de Resconorio (Luena - Cantabria) y habla de esta foto, en la que están su padre y sus tíos jugando a los bolos en Robredo de las Pueblas (Merindad de Valdeporres - Burgos), en el año 1950. 

Aunque el juego corresponde a lo que, desde 1971, oficialmente denominamos como Bolos Tres Tablones, se puede observar como el "juegabolos" de Robredo tenía, por entonces, una sola cureña de madera como muchos otros pueblos. Hoy tiene tres pero no se juega.

Fijaos en lo pequeñas que eran las bolas que contrastan con las actuales. Como sabéis, considero que es una verdadera lástima que no se hayan mantenido esos tamaños a los que creo que habría que volver no por nostalgia del pasado sino por el futuro de este deporte tradicional.

La iglesia de San Roque se intuye a la derecha de la imagen y la tapia de robustas piedras, que circunda la bolera, es inconfundible y es una muestra inequívoca de aquellos antiguos maestros de la cantería. 

Como pueblos de tradición pastoril, los jugadores de uno y otro lado de los Montes del Somo, que marcan los límites provinciales entre Burgos y Cantabria, se solían enfrentar a los bolos tanto en las fiestas de los pueblos como en las cumbres, en las cabañas de altura, a donde acudían los pastores a cuidar el ganado y a segar la hierba cuando el rigor del tiempo lo permitía. Y no solo contra los jugadores de Luena (de Resconorio o de Carrascal de Cocejón)  jugaban los de Robredo de las Pueblas, Ahedo de las Pueblas o Busnela de la Merindad de Valdeporres, sino que también lo hacían contra los pasiegos de San Pedro del Romeral; uno de ellos, Melchor, como se indica en el reportaje, tenía una bolera en una de las cabañas más altas que hay bajo Peña las Hazas, al norte del Cotero de la Brena, ya en terreno cántabro. 

Lo mismo podríamos decir de los ganaderos y pastores de la Merindad de Sotoscueva que también jugaban a los bolos en las cabañas que hay en el Monte de la Engaña más arriba del túnel, cuyo término limitaba no solo con el de los pasiegos de los Cuatro Ríos dependiente de Espinosa de los Monteros, en Burgos, sino también con los pasiegos de San Pedro del Romeral y los de la Vega de Pas en Cantabria. ¿Quién sabe si, en alguna ocasión, se llegaron a enfrentar en la Marruya: las cabañas a más altitud de toda la pasieguería? Desde luego que, todos los que hayáis andado por aquellos lares, sabréis con certeza que la bola que se saliera del "juegabolos" no se quedaría tranquilamente a "pacer"...

Óscar Ruiz, noviembre 2018.

Pasiegos en las Merindades

publicado a la‎(s)‎ 9 oct. 2018 1:26 por Óscar Ruiz   [ actualizado el 12 feb. 2019 5:40 ]

Hoy en día muchos jóvenes defienden con orgullo sus orígenes pasiegos pero, lamentablemente,  los pasiegos tuvieron en el pasado y hasta tiempos recientes, la condición de “pueblo maldito” y menospreciado por sus vecinos, a uno y otro lado de las montañas. Un elocuente ejemplo lo vemos en las pinturas de los siglos XVIII y XIX de la cueva-ermita de San Tirso y San Bernabé, en Ojo Guareña, en donde personas de La Parte, Entrambosríos, Cueva, Hornillalatorre, Espinosa de los Monteros, Cornejo, etc., se salvan sistemáticamente de sus desventuras, invocando a San Tirso y San Bernabé mientras que solo la pasiega sufre la desgracia final. Así reza la inscripción pintada en el interior de la cueva: “Una pasiega que vino a este santuario con un cuévano de ollas, cayó de esta peña, invocó a los santos por las ollas, no rompiéndose las ollas y quedando muerta la pasiega”.

Sin embargo, muchos pasiegos dejaron su vida trashumante en las cabañas de los Cuatro Ríos Pasiegos y se asentaron en estos pequeños pueblos del norte de las Merindades a partir de mediados del siglo XX, tras ser casi abandonados por sus seculares moradores, con la emigración masiva a las ciudades. Como ejemplo, os puedo indicar mi pueblo, en donde las primeras familias pasiegas se asentaron hacia los años 50 y, hoy en día, se mantiene la actividad ganadera gracias a ellos.

Así que más allá de ese halo romántico con que, a veces, se envuelve su vida desde la distancia, me parece excelente y necesario que haya una generación que reivindique con orgullo sus orígenes y ahora que se está proponiendo una candidatura a Reserva de la Biosfera de los Valles Pasiegos, que no se olvide que pasiegos hay a uno y otro lado de la montaña, en Cantabria y en Burgos porque fue la incesante subida pastoril a las “branizas” la que forjó este austero y duro vivir creando un paisaje que nos asombra, salpicado de recias e impresionantes cabañas.


Óscar Ruiz, octubre 2018.

Imágenes: 
A la izquierda, grabado de Pedro Mairata, del año 1953, que representa a una pasiega y a la derecha, fotografía del interior de la cueva de la ermita de San Tirso y San Bernabé, en el Valle de Sotoscueva, con la escena e inscripción sobre la pasiega. 

Subvenciones

publicado a la‎(s)‎ 8 jun. 2018 1:39 por Óscar Ruiz   [ actualizado el 2 oct. 2018 3:20 ]


Seguro que conocerás casos de boleras, recientemente remodeladas con subvenciones públicas, en las que apenas nadie juega. En mi opinión es dilapidar el dinero y, en muchas ocasiones, se hace además con una más que lamentable falta de estética que no tiene en cuenta nuestro Patrimonio Cultural Inmaterial. 

Una subvención debería estar vinculada a un programa deportivo concreto y luego rendir cuentas de que realmente se ejecuta. Yo pondría en primer lugar, por ejemplo, a aquellas boleras que justifiquen que enseñan a los niños o que realizan campeonatos priorizando las categorías infantiles. En las Merindades ¿conoces algún Ayuntamiento que organice clases o algún campeonato para los más pequeños?  

Es prioritario potenciar este juego entre los más jóvenes porque es divertido y forma parte de nuestra riqueza cultural y si no se sabe cómo hacerlo, ahí están los abuelos cuyo testimonio es indispensable, como verdaderos transmisores de una cultura ancestral no escrita. 

Óscar Ruiz, junio 2018.

1-10 of 51