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JUEGOS DE BOLOS EN LAS MERINDADES Y COMARCAS LIMÍTROFES

Robredo de las Pueblas 1950

publicado a la‎(s)‎ 31 oct. 2018 3:00 por Óscar Ruiz   [ actualizado el 3 nov. 2018 2:10 ]

Las montañas unen y los hábitos ganaderos tienen mucho que ver. Lo podemos ver tanto al norte como al sur de las Merindades, en los Montes del Somo o en la Sierra de la Tesla.

Hace apenas unos días solicitaba en las redes sociales —con poca fe y consciente de la dificultad— una fotografía antigua de la que carecíamos sobre los bolos en Robredo de las Pueblas, para incorporarla a nuestro mapa de boleras de las Merindades y comarcas limítrofes. Hoy puedo decir que, por pura casualidad, me he encontrado con una de estas imágenes viendo un reportaje sobre el Bolo Pasiego, realizado por PopularTV Cantabria. En el mismo aparece Joaquín Antonio Martínez "Toño" en su casa de Resconorio (Luena - Cantabria) y habla de esta foto, en la que están su padre y sus tíos jugando a los bolos en Robredo de las Pueblas (Merindad de Valdeporres - Burgos), en el año 1950. 

Aunque el juego corresponde a lo que, desde 1971, oficialmente denominamos como Bolos Tres Tablones, se puede observar como el "juegabolos" de Robredo tenía, por entonces, una sola cureña de madera como muchos otros pueblos. Hoy tiene tres pero no se juega.

Fijaos en lo pequeñas que eran las bolas que contrastan con las actuales. Como sabéis, considero que es una verdadera lástima que no se hayan mantenido esos tamaños a los que creo que habría que volver no por nostalgia del pasado sino por el futuro de este deporte tradicional.

La iglesia de San Roque se intuye a la derecha de la imagen y la tapia de robustas piedras, que circunda la bolera, es inconfundible y es una muestra inequívoca de aquellos antiguos maestros de la cantería. 

Como pueblos de tradición pastoril, los jugadores de uno y otro lado de los Montes del Somo, que marcan los límites provinciales entre Burgos y Cantabria, se solían enfrentar a los bolos tanto en las fiestas de los pueblos como en las cumbres, en las cabañas de altura, a donde acudían los pastores a cuidar el ganado y a segar la hierba cuando el rigor del tiempo lo permitía. Y no solo contra los jugadores de Luena (de Resconorio o de Carrascal de Cocejón)  jugaban los de Robredo de las Pueblas, Ahedo de las Pueblas o Busnela de la Merindad de Valdeporres, sino que también lo hacían contra los pasiegos de San Pedro del Romeral; uno de ellos, Melchor, como se indica en el reportaje, tenía una bolera en una de las cabañas más altas que hay bajo Peña las Hazas, al norte del Cotero de la Brena, ya en terreno cántabro. 

Lo mismo podríamos decir de los ganaderos y pastores de la Merindad de Sotoscueva que también jugaban a los bolos en las cabañas que hay en el Monte de la Engaña más arriba del túnel, cuyo término limitaba no solo con el de los pasiegos de los Cuatro Ríos dependiente de Espinosa de los Monteros, en Burgos, sino también con los pasiegos de San Pedro del Romeral y los de la Vega de Pas en Cantabria. ¿Quién sabe si, en alguna ocasión, se llegaron a enfrentar en la Marruya: las cabañas a más altitud de toda la pasieguería? Desde luego que, todos los que hayáis andado por aquellos lares, sabréis con certeza que la bola que se saliera del "juegabolos" no se quedaría tranquilamente a "pacer"...

Óscar Ruiz, noviembre 2018.

Pasiegos en las Merindades

publicado a la‎(s)‎ 9 oct. 2018 1:26 por Óscar Ruiz   [ actualizado el 9 oct. 2018 2:42 ]

Hoy en día muchos jóvenes defienden con orgullo sus orígenes pasiegos pero los pasiegos tuvieron, lamentablemente, en el pasado y hasta tiempos recientes, la condición de “pueblo maldito” y rechazado por sus vecinos, a uno y otro lado de las montañas. Un elocuente ejemplo lo vemos en las pinturas de los siglos XVIII y XIX de la cueva-ermita de San Tirso y San Bernabé, en Ojo Guareña, en donde personas de La Parte, Entrambosríos, Cueva, Hornillalatorre, Espinosa de los Monteros, Cornejo, etc., se salvan sistemáticamente de sus desventuras, invocando a San Tirso y San Bernabé mientras que solo la pasiega sufre la desgracia final. Así reza la inscripción pintada en el interior de la cueva: “Una pasiega que vino a este santuario con un cuévano de ollas, cayó de esta peña, invocó a los santos por las ollas, no rompiéndose las ollas y quedando muerta la pasiega”.

Sin embargo, muchos pasiegos dejaron su vida trashumante en las cabañas de los Cuatro Ríos Pasiegos y se asentaron en estos pequeños pueblos del norte de las Merindades a partir de mediados del siglo XX, tras ser casi abandonados por sus seculares moradores, con la emigración masiva a las ciudades. Como ejemplo, os puedo indicar mi pueblo, en donde las primeras familias pasiegas se asentaron hacia los años 50 y, hoy en día, se mantiene la actividad ganadera gracias a ellos.

Así que más allá de ese halo romántico con que, a veces, se envuelve su vida desde la distancia, me parece excelente y necesario que haya una generación que reivindique con orgullo sus orígenes y ahora que se está proponiendo una candidatura a Reserva de la Biosfera de los Valles Pasiegos, que no se olvide que pasiegos hay a uno y otro lado de la montaña, en Cantabria y en Burgos porque fue la incesante subida pastoril a las “branizas” la que forjó este austero y duro vivir creando un paisaje que nos asombra, salpicado de recias e impresionantes cabañas.

La vida ganadera y el encuentro en las montañas, desde una y otra vertiente, propició también la cercanía de su deporte tradicional. Tanto los Bolos Tres Tablones que se juega en las Merindades, como el Bolo Pasiego que se juega en Cantabria son dos modalidades de bolos hermanas con alguna pequeña diferencia, sobre todo en la manera de tirar
Aún así, tienen tantas similitudes que se podría hacer un campeonato conjunto, de una manera muy equilibrada y sencilla, sin que ni una ni otra modalidad se sintiera perjudicada ni perdieran su particular identidad. 

Imágenes:

A la izquierda, grabado de Pedro Mairata, del año 1953, que representa a una pasiega y a la derecha, fotografía del interior de la cueva de la ermita de San Tirso y San Bernabé, en el Valle de Sotoscueva, con la escena e inscripción sobre la pasiega. 

Óscar Ruiz, octubre 2018.

Subvenciones

publicado a la‎(s)‎ 8 jun. 2018 1:39 por Óscar Ruiz   [ actualizado el 2 oct. 2018 3:20 ]


Seguro que conocerás casos de boleras, recientemente remodeladas con subvenciones públicas, en las que apenas nadie juega. En mi opinión es dilapidar el dinero y, en muchas ocasiones, se hace además con una más que lamentable falta de estética que no tiene en cuenta nuestro Patrimonio Cultural Inmaterial. 

Una subvención debería estar vinculada a un programa deportivo concreto y luego rendir cuentas de que realmente se ejecuta. Yo pondría en primer lugar, por ejemplo, a aquellas boleras que justifiquen que enseñan a los niños o que realizan campeonatos priorizando las categorías infantiles. En las Merindades ¿conoces algún Ayuntamiento que organice clases o algún campeonato para los más pequeños?  

Es prioritario potenciar este juego entre los más jóvenes porque es divertido y forma parte de nuestra riqueza cultural y si no se sabe cómo hacerlo, ahí están los abuelos cuyo testimonio es indispensable, como verdaderos transmisores de una cultura ancestral no escrita. 

Óscar Ruiz, junio 2018.

Entre la duda y la prudencia

publicado a la‎(s)‎ 11 abr. 2018 5:01 por Óscar Ruiz   [ actualizado el 9 oct. 2018 1:41 ]

A mí me gustan las narraciones y leyendas. ¡Que vuele la imaginación! pero hay que tener cuidado con realizar afirmaciones "históricos" sin base científica cuando no son más que meras hipótesis. Al igual que la Historia se apoya en la Arqueología o en otras ciencias auxiliares, los bolos deben seguir el mismo camino. En nuestro caso, la Paleografía y la Antropología son dos de sus mejores aliados. Por ellas sabemos, por ejemplo, que en 1530 en Puente Arenas se jugaba a los birlos (bolos), que a mediados del pasado siglo —en algunos lugares como Ahedo de las Pueblas— de niños jugaban a los pasabolos y de hombres, a los bolos o que numerosos pueblos evolucionaron de una a tres cureñas. 

Y aún así, huir de las supuestas certezas y siempre dudar, que es el verdadero principio del conocimiento.

Óscar Ruiz, abril  2018.

Categoría de Veteranos y 2ª Categoría

publicado a la‎(s)‎ 19 dic. 2017 4:38 por Óscar Ruiz   [ actualizado el 13 sept. 2018 9:03 ]

Lamentablemente y por falta de juventud, la mayoría de los jugadores federados actuales de Bolos Tres Tablones en España tienen más de 65 años, por lo que sería lógico que se crease una categoría específica de Veteranos, incluso creo yo con dos subcategorías, para el que quisiera participar en ella, acortando lógicamente su distancia de tiro (Veteranos +75 años a 9m y Veteranos +80 años a 8m, por ejemplo). Sin embargo,  “a los mayores” se les permite permanecer indefinidamente en la 2ª Categoría  a pesar de que hay algunos que mantienen un nivel competitivo muy elevado. En consecuencia, por el número de bolos que derriban, deberían estar, sin duda, en 1ª Categoría. No puede ser que algún año, se haya ganado en 2ª Categoría con 350 bolos y que al tercer clasificado de 1ª Categoría le resulte complicado llegar a tal número de bolos. En mi opinión, el que vence en 2ª debería pasar a 1ª Categoría obligatoriamente o, si es mayor, optar por la Categoría de Veteranos (que aún no existe) pero nunca permitírsele permanecer en 2ª categoría porque se desvirtúa dicha categoría. 


Tampoco se puede confundir un campeonato de las fiestas de un pueblo —en el cual, para recuperar el juego y hacerlo más participativo, a veces se hace una interesante discriminación positiva (los ancianos tiran desde más cerca)— con un campeonato oficial que afecta a deportistas federados exclusivamente para quienes, como es lógico, la distancia debería ser igual. En ningún caso se puede ser campeón de España tirando más cerca que los demás. Sin embargo, fuentes fidedignas me informan que algunas personas mayores a las que ya les cuesta llegar, pretenden acortar la distancia de tiro no solo para ellos sino para todos, modificando el reglamento, en lugar de asumir su edad y crear, como sería lo más acertado, una Categoría de Veteranos diferenciada. Como son mayoría, hace unos años ya consiguieron reducir la distancia oficial para todos los jugadores en medio metro pero, ahora, algunos quieren acortar esa distancia aún más y me parece lamentable. Estoy seguro que no todos los veteranos piensan así ni mucho menos pero aquellos que lo promueven ¿acaso no son conscientes de que desvirtúan el juego?, ¿no piensan en los jóvenes?, ¿no piensan en el futuro? 


El inmovilismo no es bueno y es necesario hacer cambios que refuercen la belleza de los bolos pero no aquellos que contribuyen a destruirla, cambios que recuperen lo mejor del pasado y hagan de este juego un deporte atractivo para nuestros jóvenes. Hace falta nuevas ideas y, en mi modesta opinión, a veces recuperar las antiguas: control del peso, reducción del tamaño, bolas comunitarias, enseñanza en las escuelas,… y campeonatos atractivos mucho más cortos que se acerquen en su espíritu, a la riqueza imaginativa de una divertida partida tradicional, en la que el público disfrutaba y era tan importante como los jugadores. Creo que esa es la senda más acertada que debe ser recorrida por jóvenes audaces y comprometidos con la riqueza cultural de las Merindades.

Óscar Ruiz, septiembre 2018.

Bien de Interés Cultural: Documentación

publicado a la‎(s)‎ 21 nov. 2017 4:27 por Óscar Ruiz   [ actualizado el 27 mar. 2018 9:38 ]

DOCUMENTACIÓN PARA LA DECLARACIÓN DE LOS BOLOS TRES TABLONES COMO BIEN DE INTERÉS CULTURAL DE CARÁCTER INMATERIAL

En respuesta a una carta del 29 de julio de 2017, en la que solicitamos la declaración de los Bolos Tres Tablones como Bien de Interés Cultural de Carácter Inmaterial, el Director General de Patrimonio Cultural de la Junta de Castilla y León, D. Enrique Saiz, nos da la enhorabuena por nuestra labor en defensa de esta manifestación cultural y nos pide que aportemos los datos que consideremos oportunos, para que se valore su relevancia y singularidad en la elaboración de la Carta de Patrimonio Oral e Inmaterial de Castilla y León.

En primer lugar queremos decir que consideramos que esta solicitud de declaración debería ser extensiva a las diversas variedades ancestrales de juegos de bolos, masculinos y femeninos, existentes en Castilla y León, algunas de las cuales se pueden consultar en este mapa de juegos de bolos en Europa que hemos elaborado. No obstante nos centraremos en los Bolos Tres Tablones, originarios de la comarca de las Merindades (Burgos) por ser la modalidad de bolos que practicamos, generación tras generación, y hemos estudiado exhaustivamente. 

La Ley 12/2002, de 11 de julio de Patrimonio Cultural de Castilla y León, en su artículo 1.2 dispone que «integran el Patrimonio Cultural de Castilla y León los bienes muebles e inmuebles de interés artístico, histórico, arquitectónico, paleontológico, arqueológico, científico o técnico. También forman parte del mismo el patrimonio documental, bibliográfico y lingüístico, así como las actividades y el patrimonio inmaterial de la cultura popular y tradicional». De acuerdo con la definición de Patrimonio Cultural Inmaterial adoptada en la Convención para la Salvaguarda del Patrimonio Cultural Inmaterial de la UNESCO de 2003, se entiende por patrimonio cultural inmaterial «los usos, representaciones, expresiones, conocimientos y técnicas —junto con los instrumentos, objetos, artefactos y espacios culturales que les son inherentes—  que las comunidades, los grupos y en algunos casos los individuos reconozcan como parte integrante de su patrimonio cultural. Este patrimonio cultural inmaterial, que se transmite de generación en generación, es recreado constantemente por las comunidades y grupos en función de su entorno, su interacción con la naturaleza y su historia, infundiéndoles un sentimiento de identidad y continuidad y contribuyendo así a promover el respeto de la diversidad cultural y la creatividad humana». 

Denominación: Bolos Tres Tablones. 

El juego de Bolos Tres Tablones forma parte del patrimonio cultural inmaterial de las Merindades y constituye su ancestral deporte tradicional. Los bolos son un legado, transmitido siglo tras siglo por la tradición oral, que se ha adaptado a las reglas del deporte moderno sin perder su propia esencia, convirtiéndose en uno de los deportes más antiguos de Europa con lejanas noticias de su práctica ya a principios del siglo XVI. 

Los bolos están interiorizados por los habitantes de Las Merindades como parte de su identidad, como testimonio de una práctica inmemorial en la que se fomenta la destreza, la fuerza y la precisión, con bolas y bolos que se tornean de forma artesanal. Son, por consiguiente, una manifestación cultural de carácter etnológico relevante que se practica como una vivencia colectiva, con un indudable efecto regenerador y social. 

Ámbito territorial: Este antiquísimo deporte ancestral es originario de Las Merindades, una extensa comarca del norte de la provincia de Burgos con más de cuatrocientos pueblos diseminados en escondidos valles. En todos ellos se ha jugado a los bolos, siendo durante siglos uno de sus principales entretenimientos. Hay numerosas referencias y existen centenares de boleras —situadas, por lo general, junto a las iglesias, tabernas o plazas de los pueblos— que han sido verdaderos espacios públicos de socialización. 

Ámbito temporal
: Antiguamente los bolos se jugaban los domingos, después de misa, tan pronto como comenzara el buen tiempo aunque las boleras cubiertas del siglo XIX que aún se mantienen, nos indican que también se jugaba en invierno. Las partidas de bolos tampoco podían faltar en las romerías y fiestas estivales, en las que los mozos de distintos pueblos se enfrentaban, en reñidas apuestas, entre cuadrillas de cuatro jugadores. En la actualidad, como modalidad deportiva se practica también durante todo el año, al existir ligas y concursos. 

Orígenes y evolución: Los bolos constituyen un patrimonio cultural intangible con un pasado tan remoto que, buscando sus raíces, nos podríamos retrotraer a los orígenes primigenios de la humanidad pues responde a un instinto elemental y primitivo, en el que se lanza un trozo de madera para derribar a otro que se alza en la distancia, como mero ejercicio de destreza, fuerza o puntería. 

En Las Merindades, no obstante, tenemos una de las referencias escritas más antiguas de España sobre los birlos, sinónimo de bolos, que data del año 1530, en la Merindad de Valdivielso (Archivo de la Real Chancillería de Valladolid, Registro de Ejecutorias. Legajo 0218). 

Sabemos también, por documentos históricos, que la afición a los bolos era tan grande que, hasta los monjes del Monasterio Cisterciense de Santa María de Rioseco, en el Valle de Manzanedo, no se privaban de jugar disputadas partidas en la que era, por el año 1610, su “renovada” bolera (Cadiñanos Bardeci, Inocencio. El monasterio cisterciense de Santa María de Rioseco. Historia y Cartulario. Villarcayo, 2002). Poco después, y antes de que mediara el siglo XVII, conocemos por las actas municipales y gracias a la labor investigadora de D.Manuel López Rojo, Catedrático de Historia, que los regidores de cuatro pueblos: Mozares, Campo, Torme y Miñón fueron sancionados con una multa de 200 maravedíes porque prefirieron retarse a los bolos en el Soto de Villarcayo que acudir a la Junta de la Merindad de Castilla la Vieja (El pasado histórico de Castilla y León. 2, Edad moderna, p.102. Burgos: Junta de Castilla y León, 1983). No fueron los únicos; por las mismas fechas y por motivos semejantes, las Actas reflejan que fueron multados los regidores de Escaño, Escanduso, Tubilla y Cigüenza. 

A lo largo de los siglos, las normas consuetudinarias del juego de los bolos se fueron transmitiendo de padres a hijos por la tradición oral, hasta bien entrado el siglo XX. Las noticias escritas sobre los bolos son muy antiguas pero son referencias muy escuetas: gastos por renovar el juego de bolos, multas, citas literarias, etc. Hay, sin embargo, un libro que nos da una descripción muy interesante de cómo se jugaba a fines del siglo XIX (Nuño García, Ángel. El Valle de Mena y sus pueblos. Santoña: Tipografía Artística, 1925).

La despoblación de la comarca, que se inicia en los años cincuenta del pasado siglo, afectó de una manera importante al juego de bolos. Muchos jugadores emigraron a Madrid, País Vasco, Francia, América,... y allí llevaron su afición por los bolos (remarcable fue el sano enfrentamiento que, durante años, hubo entre jugadores de bolos chilenos y argentinos, originarios del norte de la provincia de Burgos). 

En los años sesenta D. Cayetano, un eminente Catedrático de Veterinaria, ya escribía recordando la pasión y alegría, la fuerza y el temple que les proporcionó este juego en su juventud, sugiriendo practicarlo en las escuelas por sus indudables cualidades físicas (López López, Cayetano y Ruiz Ruiz, Doroteo. Un juego de bolos en Castilla la Vieja (Burgos). Pedrosa de Valdeporres: Hijos de Santiago Rodríguez, 1961). 

La elaboración de un reglamento unificado y la conversión en deporte federado, bajo el nombre de Bolos Tres Tablones, se inicia en los años setenta, cuando se unifican reglas, se crean los clubes deportivos y se comienzan a disputar los Campeonatos de España a los que, actualmente, acuden las boleras federadas de Burgos, Madrid y País Vasco. 

Descripción del Bien: Básicamente podemos decir que la bolera (26 m de largo por 6 m de ancho) es un terreno horizontal sin obstáculos que se divide en tres áreas o zonas bien delimitadas: zona de tiro, zona de cureñas y zona de birle

Se emplean tres tablones (denominados cureñas) sobre los que se plantan tres bolos en cada uno; después se planta el mico o cuatro, que se sitúa en prolongación de los bolos centrales, a izquierda y derecha, en dos puntos denominados mano (derecha) y pulgar (izquierda). En partidas libres se puede plantar el mico donde se quiera. 

Se producen dos tiradas, una de subida (desde el cas) y otra de bajada (también llamada birle). 


Los Bolos Tres Tablones son un juego individual, por parejas o equipos de cuatro jugadores que consiste en lanzar la bola desde el cas (zona fija desde donde se tira), en trayectoria aérea, intentando derribar el mayor número de bolos posibles y el mico inclusive. El primer bote de la bola debe ser en la cureña, de no ser así se producirá una morra (bola sin valor porque no ha pasado de una raya determinada) y se anulará la tirada. 

Se puntúa de la siguiente manera: cada bolo derribado vale uno, el derribo exclusivo del bolo del medio vale dos, y el derribo del mico vale cuatro pero solo si es acompañado con el derribo de alguno de los bolos. 

Las cureñas se instalan en el centro del terreno de juego; sus medidas son 4,20 m de largo por 0,40 m de ancho. Los bolos son de madera (encina, abedul, avellano,…) torneados en forma de tronco de cono de 40 cm de alto, con un diámetro de la base de 4 cm y de 3 cm en la punta redondeada. El denominado mico o cuatro tiene medidas diferentes: 25 cm de alto y una base de 7 cm de diámetro. Las bolas, sobre las que se talla una agarradera, son de madera (nogal, alisa,…) y de forma esférica. Su diámetro no puede superar los 28 cm y su peso es variable, dependiendo de la madera de la cual estén hechas y de su volumen. 

Patrimonio material y oral asociado
: El valor cultural de los bolos no solo se centra en el juego sino que se extiende a otros conocimientos que lo enriquecen y lo hacen posible, como la artesanía de la madera: selección, tiempos precisos de secado, talla de bolos y bolas, elaboración de cureñas y alzado de espléndidas boleras cubiertas (Entrambosríos, Virtus, San Pelayo, Fresno de Losa,...), etc. 

Es muy notable y digno de destacar el rico vocabulario del juego de bolos (cas, morra, cureña,…) con expresiones ligadas siempre a las costumbres y trabajos campesinas (unos bolos que se siegan, una bola que se va a pacer,…). Numerosos son,asimismo, los refranes, dichos y leyendas, vinculados a este deporte autóctono, que reflejan una opulenta mitología, como los relatos fabulosos de la Cueva del Oro de los Barrancos de Dulla, recóndita cavidad en el corazón de las Merindades, que atesoraba bolas y bolos de oro, en cuyo interior —según la antigua leyenda— se jugaban disputadas partidas nocturnas a la luz del preciado metal. 

Los Bolos Tres Tablones son un deporte autóctono muy antiguo y singular, fruto de unas costumbres y tradiciones mantenidas, secularmente, de padres a hijos que se ha ido adaptando a las normativas del deporte moderno, sin perder su propia esencia, por lo que constituyen un legado esencial de la herencia cultural e histórica de la Comunidad de Castilla y León 

Pero los Bolos Tres Tablones, actualmente, se encuentran en verdadero riesgo. Las Merindades sufren, como tantas comarcas, un lamentable proceso de aculturación y están necesitadas de iniciativas ilusionantes que aglutinen a ayuntamientos, juntas vecinales, asociaciones de padres y madres, claustros de profesores,… por lo que coincidiendo, plenamente con la filosofía del artículo 63 de la Ley 12/2002, de 11 de julio, de Patrimonio Cultural de Castilla y León en donde se indica que ‹‹cuando los bienes etnológicos inmateriales estén en riesgo de desaparición, pérdida o deterioro, la Consejería competente en materia de cultura promoverá y adoptará las medidas oportunas conducentes a su estudio, documentación y registro por cualquier medio que garantice su transmisión y puesta en valor›› hemos realizado un inventario de nuestra fiel y constante labor de difusión y recopilación que confiamos sea justamente valorado por la Consejería de Cultura, para su declaración como Bien de Interés Cultural de Carácter In
material: 

¿Campeonato de Bolos de la Merindad de Castilla la Vieja?

publicado a la‎(s)‎ 1 ago. 2017 2:15 por Óscar Ruiz   [ actualizado el 2 oct. 2018 3:25 ]

Con la fusión administrativa de la Merindad de Castilla la Vieja con su tradicional capital, se creó en el último cuarto del siglo XX el ayuntamiento de Villarcayo de Merindad de Castilla la Vieja, nombre que, por su longitud, es bastante habitual que se escriba como Villarcayo de M.C.V. Es decir, una antigua e histórica merindad da la sensación de haber quedado escondida bajo unas siglas. No estaría mal, por lo tanto y sin ningún ánimo reivindicativo, que su nombre se le diera a un campeonato de bolos en el que participasen pueblos de la antigua merindad. En mi opinión, debería ser impulsado, tutelado y promocionado desde el Ayuntamiento con un objetivo claro: recuperar la afición entre los niños, jóvenes y mujeres a un juego que forma parte de nuestro rico Patrimonio Cultural Inmaterial. 

Como dato histórico es interesante recordar que, antes de que mediara el siglo XVII, los regidores de varios pueblos de esta merindad fueron sancionados, con una multa de 200 maravedíes, porque prefirieron retarse a los bolos en el Soto de Villarcayo que acudir a la Junta de la Merindad de Castilla la Vieja.

La situación actual, sin embargo, es crítica y requiere una actitud decidida que revierta la tendencia.

Entre todos los pueblos de la antigua merindad (La Aldea, La Abadía de Rueda, Andino, Barriosuso, Barruelo, Barruso, Bisjueces, Bocos, Campo, Casillas, Céspedes, Cigüenza, Escanduso, Escaño, Fresnedo, Hocina, Horna, Incinillas, Lechedo, Mozares, Otedo, La Quintana de Rueda, Quintanilla de los Adrianos, Quintanilla Socigüenza, Remolino, Salazar, Santa Cruz de Andino, Torme, Tubilla, Villacanes, Villacomparada de Rueda, Villalaín, Villanueva la Blanca, Villanueva la Lastra, Villarcayo y Villarías) apenas hay un campeonato en Fresnedo a finales de julio y otro en Villarcayo a mediados de agosto, al que acuden solo los mejores jugadores con sus bolas privadas. No están mal estos campeonatos, ni mucho menos pero en ellos participa, solamente, una pequeña élite de jugadores que cada vez se ve más reducida. Lo verdaderamente preocupante es que no existe ninguna promoción interesante ni para los niños, ni para los jóvenes ni para las mujeres que quieran iniciarse. Nos consta, no obstante, que hay personas interesadas en recuperar los bolos pero no saben bien cómo hacerlo. Un campeonato como este puede servir para marcar el camino.

Es evidente que la recuperación de este juego debe venir desde la escuela. Hemos presentado un proyecto a la Consejería de Cultura de la Junta de Castilla y León y a la Diputación de Burgos y, si los ayuntamientos de las Merindades lo apoyan con decisión, pronto volveremos a ver cómo nuestros hijos juegan y se divierten con este deporte ancestral. Mientras tanto el Ayuntamiento debe actuar y el período estival es buen momento para hacerlo con este campeonato promocional que sirva de revulsivo.

Características del Campeonato:

 Si pensamos en recuperar un juego que está necesitado de oxígeno, es muy importante que se potencie, al menos en este torneo, el concepto de transversalidad (hombres, mujeres, niños, ancianos, jugadores y no jugadores) buscando que un niño pueda aprender de un maestro anciano o que un joven inexperto tenga la oportunidad de vencer a un campeón reconocido. En definitiva, se trata de conseguir que nadie se sienta discriminado sino querido y apoyado por el simple hecho de participar.

 Participarían los pueblos que lo desearan, independientemente del estado de sus boleras, y en cada uno se haría un campeonato individual que computara para el campeonato global.

— Todos deberían tirar con las mismas bolas aportadas por el Ayuntamiento que las dejaría al pueblo, solo el día del campeonato. Igualdad total. En mi opinión si se controla el peso y el tamaño, la igualdad será aún mayor. Bolas necesarias: dos bolas de 19, dos de 21, dos de 23 y dos de 25 cm.

 Categorías y distancias mínimas de lanzamiento (la distancia indicada es desde el cas al primer bolo):

ABSOLUTA: 10 metros (mayores de 75 años: 9 metros.) FEMENINA: 8 metros. INFANTIL (13 y 14 años): 8 metros. ALEVÍN (11 y 12 años): 7 m. BENJAMÍN (9 y 10 años): 6 m. PRE BENJAMÍN (menos de 9 años): 5 m.

 Un austero trofeo artesanal para el campeón de la categoría como premio en cada pueblo, debería bastar. Es interesante recordar que en la antigua Grecia los vencedores olímpicos recibían una sencilla corona de laurel.

 Toda la recaudación se debería sortear, a cara o cruz, en bolas de madera que pasarían a ser bolas públicas del pueblo del jugador al que le tocasen. Esta persona, por lo tanto, así como todas las que participasen, ejercerían como donantes comprometidos en el proyecto de recuperación de los juegos de bolos. En cada pueblo se haría, por lo tanto, un torneo “sostenible”.

— La imaginación es la esencia de este juego y cada pueblo debería decidir, de manera autónoma, el formato del campeonato, aunque se deberían utilizar solo las bolas que aportase el Ayuntamiento así como mantener las categorías mencionadas. Sería imprescindible que hubiera, asimismo, una persona responsable en cada pueblo de organizar el campeonato. Céspedes puede decidir hacerlo a bolos, Salazar con tres micos, Escaño con dos, Villarcayo con cuatro, etc.

 Independientemente de los sencillos trofeos artesanales que se otorguen en los pueblos, debería haber un premio final importante otorgado por el Ayuntamiento en el que se premiaría a los jugadores en función del número de pueblos en los que hubieran vencido. De esta manera se determinaría los vencedores finales del Campeonato de Bolos de la Merindad de Castilla la Vieja.

 Debería ser un torneo de promoción por lo que no sería conveniente emplear las mismas prácticas de los campeonatos habituales. Por ejemplo, sería deseable que vinieran los mejores jugadores pero no debería haber un premio económico por haber quedado 1º, 2º o 3ª ni tampoco repartir la recaudación, como hacen en algunos pueblos de 50 %, 30 % y 20 % para los vencedores. Si esto ocurriese, siempre se llevarían el dinero las mismas personas y, a la larga, la gente se desanimaría. La recaudación debe ser para sortear bolas públicas, de las cuales los pueblos siempre están necesitados. En cualquier caso debe haber un premio económico importante, asumido por el ayuntamiento, para el jugador o jugadora que haga una tirada excepcional. Por ejemplo, si el campeonato fuera a bolos se podría poner en el cartel “entre todos los jugadores que consigan derribar catorce bolos se disputará un premio de 100 €” sabiendo que es una jugada muy difícil aunque no imposible. Habitualmente, este premio quedará desierto pero servirá de estímulo para la participación también de los mejores, a los que no olvidemos que se necesita porque serán la referencia en que se mirarán los más jóvenes.

Creo que todos estos planteamientos deben ser analizados con otros que tal vez sean mejores, desde el Ayuntamiento junto con sus alcaldes pedáneos para valorarlos en su justa medida. Debe existir una sana complicidad con un objetivo común: recuperar nuestro preciado juego de bolos que debería estar ya considerado como un Bien de Interés Cultural.

Óscar Ruiz, agosto de 2017.

El Juego de Bolos: Proyecto Cultural y Deportiva de las Merindades

publicado a la‎(s)‎ 11 jul. 2017 9:28 por Óscar Ruiz   [ actualizado el 28 ago. 2018 11:48 ]

Proyecto:

EL JUEGO DE BOLOS: ESENCIA DE LA IDENTIDAD CULTURAL Y DEPORTIVA DE LAS MERINDADES 


1. INTRODUCCIÓN AL PROYECTO DEPORTIVO-CULTURAL
2. ESTADO ACTUAL
3. OBJETIVOS Y ACTIVIDADES
4. RECURSOS MATERIALES E INSTALACIONES
5. RECURSOS HUMANOS
6. EVALUACIÓN


1. INTRODUCCIÓN 

Nadie duda que los bolos constituyen la esencia de la identidad cultural y deportiva de las Merindades; sin embargo, se encuentran en un estado crítico y mientras no tomemos conciencia de que son un preciado Patrimonio Cultural Inmaterial
lleno de ricos matices que debemos cuidar, como una iglesia románica o un tejo milenario, seguiremos irremisiblemente abocados a lamentar en un futuro no muy lejano, la pérdida por inacción de tan extraordinario legado. 

No creo que haya alcaldes entre todos los ayuntamientos de la comarca de las Merindades, ni Instituciones, ni personas con un mínimo de sensibilidad cultural a los que no les gustaría que los bolos se recuperasen. Se puede conseguir pero el freno a la creciente aculturación, se logra principalmente desde la escuela y con una actitud proactiva.

Sabemos que los bolos están siendo tenidos en cuenta en la elaboración de la Carta del Patrimonio Oral e Inmaterial de Castilla y León.
 Es un primer paso pero no es suficiente. Cuando, entre todos, consigamos que sean considerados como un Bien de Interés Cultural Inmaterial (junto con las diversas modalidades ancestrales de bolos masculinas y femeninas de Castilla y León) y que a los niños se les enseñe a jugar a los bolos en los centros educativos, una hora a la semana, por personas apasionadas de este juego, habremos logrado lo que con tanto ahínco nos recomienda la UNESCO: no perder nuestra delicada y frágil cultura inmaterial, aquella que no está escrita. 

Si ahondamos un poco en la legislación autonómica, podemos leer como La ley del Deporte de Castilla y León, en su título IV artículo 71 dice claramente: La Junta de Castilla y León adoptará las medidas e iniciativas necesarias para recuperar e impulsar la práctica de los deportes autóctonos, entre los cuales obviamente señala el juego de Bolos Tres Tablones que es el específico de la comarca de las Merindades (Burgos). La UNESCO, incluso, urge a los países a proteger y difundir los deporte y juegos tradicionales y recomienda la promoción de los mismos en la escuela primaria y secundaria, muy especialmente en el área de educación física. La Escuela Regional de Deportes Autóctonos tiene ese cometido pero aún no tiene un desarrollo real en las Merindades y ahí estamos nosotros para colaborar con ellos, ejerciendo dicha labor. 

2. ESTADO ACTUAL

El juego de bolos ha sido, durante cientos de años (hay documentos escritos en las Merindades de principios del siglo XVI) una parte esencial de la identidad de nuestra tierra. La pasión por los bolos pervivió, generación tras generación con gran intensidad hasta el comienzo de la emigración, a las grandes ciudades, en los años cincuenta del pasado siglo. Es entonces cuando se produjo un cambio radical. Las Merindades sufrieron la despoblación y se resintió el juego, por los inexorables cambios demográficos y sociales: nuevas ofertas de ocio, otros deportes, lo nuevo frente a lo antiguo, etc. 

La reglamentación de los años 70 que convirtió nuestro juego de bolos en la modalidad deportiva “Bolo Tres Tablones” fijó y unificó reglas lo cual constituyó, sin duda, un hecho positivo pero también tuvo sus aspectos negativos y, en muchos pueblos, comenzó a dejar de jugarse, centralizándose el juego en los clubes deportivos. Actualmente los jugadores veteranos forman la mayoría y falta un relevo generacional, fruto de no haber sabido inculcar la afición a los bolos desde la infancia; no existe ni existió nunca una cultura de enseñar. Asistimos, por lo tanto, a una lenta agonía que urge revertir desde la escuela, el lugar ideal que aglutina a los menores en las Merindades, una comarca que tienen más de cuatrocientos pueblos diseminados en alfoces, merindades, valles, juntas, etc. 

3. OBJETIVOS Y ACTIVIDADES

El objetivo principal es crear una escuela de bolos ─coordinada entre todos los centros educativos, ayuntamientos, asociaciones de padres de alumnos y clubes deportivos de las Merindades─ dirigida por un maestro de bolos, de valía contrastada que consiga inculcar en los niños el interés por este juego. Los bolos, antes que deporte, es cultura ancestral no escrita y se requiere atesorar conocimientos que no son fáciles de poseer y transmitir adecuadamente.

El maestro de bolos, en coordinación con los profesores de educación física, impartiría clases una hora a la semana en horario escolar preferentemente al extraescolar, estableciendo dos equipos equilibrados de cuatro jugadores que jueguen entre sí. No es conveniente dar una clase a un grupo mayor porque se hace lento y el juego pierde su magia. Mientras este grupo juega a los bolos, el resto de niños con su profesor habitual puede hacer otra actividad (gimnasia, otros deportes,...) de manera que no se alterase en ningún momento el equilibrio que debe haber en un centro educativo.

A los niños se les enseñaría la técnica correcta de lanzamiento y se pondrían a jugar partidas equilibradas de cuatro contra cuatro, a mico libre, dando rienda suelta a la imaginación y estrategia de los contendientes. Una vez enseñado lo básico y cómo se cuenta, el maestro de bolos observaría la evolución de la partida y que se hiciera con orden, corrigiendo, enseñando el vocabulario específico, etc.

A lo largo del curso escolar, se seleccionaría un equipo mixto de cuatro jugadores (dos niños y dos niñas) en cada centro educativo por cada una de estas categorías: Pre benjamín (7 y 8 años), Benjamín (9 y 10 años), Alevín (11 y 12 años) e Infantil (13 y 14 años). Estas dos últimas categorías tendrían la oportunidad de jugar en una liga de un único día, contra otros centros educativos, planteándose la competición como un juego divertido y estimulante, en el que se primaría la educación en valores sobre los puramente competitivos. Se priorizaría, asimismo, lo colectivo frente a lo individual.

Es fundamental, por lo tanto, que ─siempre respetando las Leyes Orgánicas 2/2006, de Educación, y 8/2013, de Mejora de la Calidad Educativa─ se apele a la autonomía de los centros educativos sensibilizándolos para incluir los bolos, por su componente ancestral y cultural, en el proyecto curricular. El juego de bolos, bien enseñado, constituye una oferta formativa muy atractiva para nuestros niños pues su práctica como deporte contiene cualidades que son fundamentales y contribuyen de manera muy positiva al desarrollo infantil: habilidad, estrategia, trabajo en equipo, agilidad matemática, etc. Se podría ofrecer también como actividad extraescolar pero, en el actual contexto de globalización, con una tendencia tan marcada hacia la uniformidad cultural, en donde los deportes de masas y los dispositivos digitales dominan todo, su práctica correría el riesgo de acabar diluyéndose.

El aprendizaje adecuado, durante el curso escolar, animaría a que los niños fuera del ámbito lectivo participasen espontáneamente en las partidas (jugar por jugar) o se animasen a tirar en los pequeños concursos para menores que, coincidiendo con las fiestas de los pueblos, se celebran en los meses estivales; en estos torneos pueden jugar en condiciones de igualdad, chicos y chicas. Concursos sencillos, lejos de la competitividad, en los que se inculcan “valores” y se mantiene viva una cultura ancestral. 

Otros objetivos importantes de este proyecto son:

Grabación de entrevistas etnográficas a nuestros ancianos. Son datos imprescindibles. Testimonios orales que corren el riesgo de desaparecer para siempre.

— Inventario exhaustivo de las boleras y protección de las mismas.

 Edición de un libro histórico y educativo, cuyos íntegros beneficios fueran destinados a la organización de un concurso de bolos por categorías e intergeneracional.

4. RECURSOS MATERIALES E INSTALACIONES.

Casi todos los centros escolares de las Merindades tienen una bolera cerca y en buenas condiciones. Soncillo y Espinosa de los Monteros las han reformado recientemente y Villasana de Mena construirá una en breve.

Cada bolera debería contar, al menos, con un mínimo de bolas de nogal de diámetro reducido y bolos de madera ligera (avellano, abedul, fresno, acacia, haya,...). En los niños hay que tener mucho cuidado con el peso de las bolas porque están en etapa de desarrollo y crecimiento físico. Debe predominar más la técnica que la fuerza, por lo que deberían tirar con una bola que realmente puedan manejar con facilidad. Se derriban menos bolos pero se desarrolla mejor el estilo y la puntería. 

5. RECURSOS HUMANOS

Sería necesaria la contratación de un experto maestro en bolos con amplios conocimientos y capacidad demostrada en la enseñanza a menores que pueda formar, asimismo, a monitores y profesores de educación física, en caso de que fuera necesario para completar adecuadamente el proyecto.

6. EVALUACIÓN

A pesar de tratarse de un proyecto a largo plazo, es en la infancia cuando se genera la afición a los bolos. Los resultados serían pronto satisfactorios porque la experiencia nos dice que no hay niño ni niña al que no le guste este juego, si se tiene la sensibilidad suficiente para enseñarles. De esta manera se transmitiría el patrimonio cultural vivo y se plantaría la semilla del deporte de base que, si bien mantendría su esencial dimensión recreativa, sería también la cantera de la que se nutriría el futuro deporte de competición.

Aún estamos a tiempo de asimilar la rica sabiduría de nuestros ancianos y trasmitirla a los más pequeños pero se perderá cultura, se perderá todo un rico y diverso patrimonio, si no se actúa con prontitud. 


Óscar Ruiz, agosto 2018.

No abuses del cemento y cuidado con los árboles

publicado a la‎(s)‎ 4 jul. 2017 9:42 por Óscar Ruiz   [ actualizado el 2 oct. 2018 4:26 ]

Os pongo una foto de la nueva bolera de San Martín de Porres (Merindad de Valdeporres) del año 2014 y encima, otra foto de la misma bolera de un par de años antes. Como podéis ver, toda la vegetación ha sido sustituida por el gris del cemento. 

Otro tanto podría decir de la bolera de Fresnedo (Villarcayo de Merindad de Castilla la Vieja) en donde el verde ha desaparecido también al ensanchar la bolera para poder jugar al fútbol. Es una lástima que no hayan respetado el espacio de la bolera haciendo la cancha en otro sitio. Tal vez no hayan tenido esa posibilidad pero ahora, si juegas al fútbol te puedes resbalar con las chapas de las cureñas y si juegas a los bolos falta algo esencial: aquella espléndida nogala que había y que estaba tan sabiamente plantada dando sombra al juegabolos, todas las tardes de verano. Me cuentan que, al parecer, estaba levantando las cureñas y tirando el muro.

Aunque seguro que están hechas con la mejor intención, debo reconocer que no me gusta el resultado estético de la reforma de estas dos boleras y no creo que sea el único en pensar así. En los pequeños pueblos con encanto, como son estos dos y la mayoría de los pueblos de las Merindades, cuanto menos se abuse del cemento, creo yo que es mejor. Hay que buscar fórmulas más equilibradas  para combinar tradición y modernidad.

Si estás pensando en renovar la bolera de tu pueblo, no dejes de leer este artículo para contrastar las distintas opciones. 

Óscar Ruiz, julio 2017.


Tres preguntas, tres respuestas y tres conclusiones

publicado a la‎(s)‎ 4 jul. 2017 7:40 por Óscar Ruiz   [ actualizado el 27 dic. 2017 3:41 ]

A uno le gusta un peso determinado, a otro una agarradera especial, etc. Esta sofisticación creo que es un error para un juego rural que siempre fue colectivo. Si queremos que los bolos tengan futuro como deporte, en mi opinión, se debería volver a recuperar la esencia de lo que siempre fue el juego y hacerlo lo más igualitario posible. Así, los jóvenes volverían a acercarse a un juego del que, en muchos sitios, se les expulsó.

1. ¿Es difícil comprar una buena bola?: Sí, es muy difícil. Bueno, pues entonces será mejor abandonar las bolas privadas y que algún experto nos provea de bolas públicas y las mantenga.

2. ¿Es sano y justo tirar con bolas pesadas de 7 kg?: No, no es sano y hay muchos jugadores lesionados, con problemas de espalda. Tampoco es justo porque da ventaja a una minoría. Bien, pues entonces limitaremos el peso a un máximo de 5,5 kg que es un peso muy manejable para la inmensa mayoría de los jugadores.

3. ¿Es más atractivo tirar con bolas grandes?: No, es más bonito y espectacular tirar con bolas pequeñas. Bueno, pues entonces volveremos a limitar el diámetro a 25 cm como jugaban nuestros abuelos.

Con estos tres cambios, los bolos entrarían nuevamente en la senda de la recuperación. Afortunadamente, algunos pueblos de las Merindades ya los están aplicando y es muy significativo ver cómo aumenta el público y los jugadores mientras que en los campeonatos oficiales, sin embargo, decae. Por ejemplo, en el día de 
ayer, domingo 2 de julio, todo un Campeonato de España de Bolos Tres Tablones, Individual de 1ª Categoría, se celebró en Quincoces de Yuso (Valle de Losa) en el cual participé. A pesar de que tiraban excelentes jugadores con sofisticadas bolas privadas, casi había menos gente viéndolo que en el concurso de bolos de Castrillo de Bezana, un pequeño pueblecillo del Valle de Valdebezana, en el que estuve el sábado y en el que todos tirábamos con bolas colectivas y pequeñas. 

Lo cierto es que esta apatía que se ve en los campeonatos oficiales no solo tiene que ver con los tres puntos analizados sino con la monotonía del formato. Los bolos son muy divertidos pero si yo, que me encantan los bolos, me aburro que no le pasará al público. En mi opinión habría que hacer cambios radicales y ayer, en Quincoces, puse en práctica, para dar ejemplo, una de esas modificaciones que propongo: tiré con dos bolas de 25 cm de diámetro y poco más de 5 kg de peso ante el estupor de la mayoría de los presentes. La diferencia y dificultad era tan evidente que pensaba que me iban a eliminar a la primera. No fue así y quedé entre los ocho primeros, clasificándome para el Torneo de Maestros. El fuerte apretón de manos que me dio un anciano, no lo olvidaré...

Óscar Ruiz, julio 2017.

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