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JUEGOS DE BOLOS EN LAS MERINDADES Y COMARCAS LIMÍTROFES

Protección

publicado a la‎(s)‎ 24 oct. 2019 3:05 por Óscar Ruiz   [ actualizado el 27 oct. 2019 1:39 ]

Antes de reformar o construir una bolera, debemos pensar en la protección de los materiales con los que luego vamos a jugar; es decir, los bolos y las bolas. Ya sabéis que hay varios tipos de boleras desde las más tradicionales a las más modernas. Yo, en concreto, y desde un punto de vista pragmático prefiero la combinación de hierro y tierra, reduciendo el cemento a su mínima expresión (tan solo en los cases de tiro). 

No soy, por lo tanto, muy amigo de las boleras de cemento pulido por la excesiva velocidad que cogen las bolas y el peligro latente de que se rompan al golpearse unas contra otras. En este tipo de boleras de cemento, no obstante, es imprescindible hacer —a poco cariño que se tenga a las bolas— o bien un foso profundo (imagen de la izquierda) o bien, como alternativa, un sistema de frenado adecuado (imagen de la derecha). Algunas boleras no tienen ni lo uno ni lo otro y las bolas tiemblan asustadas cuando se ven obligadas a jugar en ellas. 

El primer impacto de la bola cuando se tira sobre los bolos, es otro sitio al que hay que prestar la debida atención ya que o
tro error habitual que se sigue cometiendo, cuando se encargan "cureñas" metálicas, es escatimar en las dimensiones del hierro empleado. Sin embargo una chapa más grande en anchura y longitud, con los bordes romos y que tenga marcada la "cureña" en su interior desde su forja, es mucho más razonable para proteger las bolas, que hacer la chapa del tamaño exacto de la "cureña" porque si todo el mundo pegase dentro no habría problema pero, como todos sabemos, no siempre es así. 

Por ejemplo, cuando se tira a cuatrear a la calle de la mano (fijaos en la foto) a veces hay pegadas no deseadas en la zona de puntos rojos. Si en dicha zona hay cemento, como ocurre en muchas boleras, este se deteriora con los impactos y a la larga es fatal para las bolas pero si por el contrario hay metal (20 cm al menos por el lateral y más por la morra) como en esta imagen que corresponde a la bolera de Arroyo de San Zadornil, las bolas no sufren que es lo que siempre debemos intentar.

Óscar Ruiz, octubre 2019.

Nobleza

publicado a la‎(s)‎ 21 oct. 2019 8:41 por Óscar Ruiz   [ actualizado el 22 oct. 2019 7:33 ]

Hay personas que califican los campeonatos, sobre todo, por la cantidad e importancia de los premios que dan. Está bien sin duda, pero a mí me gusta más considerar en primer lugar a los concursos, por la nobleza de 
las personas que los organizan y cómo reciben a los foráneos, sean buenos o malos jugadores. ¿Quiénes apuntan y cobran las inscripciones, lo hacen con amabilidad? ¿Quiénes hacen de árbitros están atentos y son ecuánimes?.. Sí, en este tipo de detalles aprecias la calidad de las personas, su empatía y son muy importantes, no solo para el juego de bolos sino para mejorar las relaciones entre los pueblos. 

De este verano, tengo un grato recuerdo de una señora que apuntaba y cobraba en un campeonato de bolos en Hoz de Arreba. Tranquilidad, afabilidad, agilidad, eficacia,… son palabras que la definían y ni siquiera se alteró cuando el tropiezo de un curioso, derramó líquido sobre las hojas en las que apuntaba los nombres con la pulcritud de una hábil amanuense.

Óscar Ruiz, octubre 2019.

Cuatro categorías

publicado a la‎(s)‎ 20 sept. 2019 5:37 por Óscar Ruiz   [ actualizado el 20 sept. 2019 5:39 ]

Este verano estuve viendo el campeonato de España de segunda categoría de Bolos Tres Tablones, en Villarcayo y me sorprendió que, aparte de unos pocos jóvenes, había muchos jugadores mayores que apenas podían con la bola. Algunos tiraban con auténticos “corchos” y era una pena ver el gran esfuerzo que hacían por llegar. Es una lástima que no se dignifique a este amplio número de personas, creando una categoría de Veteranos con normas específicas adaptadas a su edad.

En realidad creo que debería haber cuatro categorías, tres en las que no fuese el ganar o el perder sino el número de bolos derribados, lo que determinase la pertenencia a ella:

Primera = +315 bolos
Segunda = +275 bolos
Tercera = -275 bolos

Y luego una categoría excluyente (incompatible con las otras tres) de Veteranos en la que pudiese participar todo el que quisiera que tuviera más de 60 años con unas características especiales:

- Distancia mínima de 9 metros.

- Tamaño máximo de bola no de 28 cm, ni siquiera de 25 sino de 23 cm de diámetro.

- Límite del peso a 4 kilos y bolos ligeros de madera (abedul, avellano, acacia,...).


Óscar Ruiz, septiembre 2019.

Bolos con el mico y pasabolos en la misma cureña

publicado a la‎(s)‎ 23 abr. 2019 3:42 por Óscar Ruiz   [ actualizado el 24 oct. 2019 3:10 ]

Al fondo, la iglesia de Para (Espinosa de los Monteros) nos hace reconocer la ubicación de las dos fotografías.

La foto de la izquierda aparece en la revista de Pasabolo nº 5, atribuida por equivocación al cercano pueblo de Barcenillas de Cerezos. No sabemos la fecha; tal vez de los años 90. Se trata de la bolera de Pasabolo Tablón “El Campo”. Fijaos que tenía “parabolas”, es decir, un parapeto de neumáticos para frenar la bola .

La foto de la derecha es anterior. Está datada hacia 1955-60 y su propietaria es Elena Martín. Aunque no se ve toda la bolera, a la izquierda se aprecia muy bien la viga final que frenaba las bolas. No había aún el "parabolas" propio del Pasabolo Tablón porque, probablemente, se jugaba por entonces en Para, como en tantos pueblos de las Merindades, a un juego de bolos mixto primitivo, de bolos con mico y pasabolos, que está en el origen de los deportes modernos de Bolos Tres Tablones y Pasabolo Tablón. 


Me gustan ambos deportes, practico el primero pero disfruto con la diversidad de aquella manera primitiva y sabia de jugar por lo que, en ocasiones, juego con los amigos, en la misma partida, tanto a bolos con el mico como a pasabolos, tirando desde el “cas” y sin carrera. Obliga al jugador a tirar la bola más rasa, sin tanta parábola y confiere al juego, la espectacularidad con que jugaban nuestros abuelos que recuerdo muy bien de mi infancia. Para mí, ahí se encuentra el jugador total, en el juego libre e imaginativo que representa la complejidad frente a la simplificación.

Bolas públicas, reducción del diámetro de las bolas a 25 cm, control de peso,... son otras de las ideas que, en mi opinión, harían de los Bolos Tres Tablones un deporte más complejo, igualitario, divertido y emocionante.

Por cierto, no busquéis esta bolera, ya no existe. En su lugar hay un parque de juegos infantiles, un ejemplo más de la aculturación que sufre Las Merindades.

Óscar Ruiz, abril 2019.

Volumen, masa, densidad y bolas

publicado a la‎(s)‎ 22 mar. 2019 13:09 por Óscar Ruiz   [ actualizado el 27 mar. 2019 4:09 ]

Supongamos que tenemos una bola de nogal muy pesada que nadie tira y queremos reducir su volumen hasta lograr un peso deseado. Para conseguirlo debemos encargarle al artesano que tornee la bola entera salvo lógicamente por su “agarradera”, “asa” o “llave”, porque si no la estropearíamos. Conocemos el peso de la bola pero no sabemos en cuánto se nos quedaría si le quitamos un centímetro, dos o más de diámetro. Si hallamos el volumen y la densidad nos haremos una idea más precisa.

El primer paso es calcular la masa que tendría la bola si no hubiésemos tallado la “agarradera”. Para conseguirlo hay que llenar la agarradera con un material de una densidad semejante al nogal que, aproximadamente, está entre 0,6 y 0,8 g/cm3. Si lo rellenamos de serrín la densidad es más baja entre 0,31 y 0,51 g/cm3 y si lo hacemos de arena fina, más elevada entre 1,4 y 1,65 g/cm3. Basta con que multipliquemos o dividamos el relleno por dos para calcular, aproximadamente, la masa que tendría la bola si aún no se hubiera tallado la “agarradera”.

Supongamos que la bola tiene 28 cm de diámetro y 8000 gramos de masa, incluido el peso estimado del interior rellenado de la “agarradera”.

Después hallamos el volumen de la bola multiplicando 4 por PI (3,1416) por el radio (14 cm) al cubo dividido entre tres:

Volumen de la bola = 4πr³/3


 Diámetro (cm)  Volumen (cm3) Masa (g) Densidad (g/cm3) 
  28 11494,07 8000 0,696 
  27,5  10889,24 7579 0,696 
  27 10306,02 7173  0,696 
  26,5  9743,99  6782  0,696  
  26  9202,79 6405 0,696 
  25,5  8682,01 6043 0,696 
  25  8181,25  5694 0,696 
  24,5  7700,13 5359  0,696 
  24   7238,25 5038 0,696 
  23,5  6795,22 4730 0,696 
  23  6370,64 4434 0,696 


Fórmulas:

Volumen de una esfera = 4πr³/3 (4*PI*radio al cubo/3)

M = d*v (masa = densidad*volumen)

D = m/v (densidad = masa/volumen)

V = m/d (volumen = masa/densidad)


Si la bola de 28 cm pesa 8000 gramos (relleno de la “agarradera” estimado incluido) hallaremos la densidad:

8000 g de masa/11494,07 cm3 de volumen = 0,696 g/cm3 de densidad.

Si quisiéramos reducir el peso hasta aproximadamente unos 6000 gramos, viendo la tabla sabríamos que con 25,5 cm de diámetro pesaría 6043 g = 0,696 g/cm3 de densidad x 8682,01 cm3 de volumen. A este peso habría que restarle el que hubiéramos calculado al relleno del hueco de la “agarradera”, para saber el peso exacto en que se nos quedaría la bola.


Óscar Ruiz, marzo 2019.           

Gigantes, Infantes, Ángeles y Bolos

publicado a la‎(s)‎ 19 mar. 2019 10:29 por Óscar Ruiz   [ actualizado el 20 mar. 2019 1:38 ]

Que los Gentiles (gigantes de fuerza sobrehumana) jugaban a los bolos con grandes piedras esféricas de varias arrobas, algunas de las cuales aparecieron en las laderas del monte Untzueta (Vizcaya), es una explicación poética de mitología popular para una realidad más prosaica.

Igualmente envuelve nuestra imaginación con un halo misterioso, las siete grandes piedras blancas cercanas al pueblo de Barbadillo del Mercado (Burgos) que jugando a los bolos según la tradición, los Infantes de Lara habrían arrojado desde su castillo, que se encuentra a más de dos leguas castellanas de allí.

También se decía a los niños de algunos pueblos de Las Merindades, que aquellos truenos espantosos de los días de tormenta, eran porque los Ángeles jugaban a los bolos en el cielo y que, incluso, entre las nubes y las cumbres de las montañas los pastores, en ocasiones, disputaban reñidas partidas con ellos. Hace poco me hablaron de Protógenes, pastor del pueblo de Tudanca de Ebro (Los Altos), quien mandó construir una caja de tres dedos de gruesa (le serviría de cureña) e hizo meter en la misma una bola, el mico y tres bolos para jugar con los Ángeles en el Cielo, después de su muerte.

Óscar Ruiz, marzo 2019.

Muerte de un jugador

publicado a la‎(s)‎ 12 feb. 2019 5:23 por Óscar Ruiz   [ actualizado el 12 feb. 2019 10:23 ]

No es lo mismo jugar a los bolos que ser “jugador”. Cualquiera puede jugar a los bolos pero ser “jugador” es otra cosa; la palabra, en las Merindades, adquiere un valor cualitativo que solo los entendidos manejan con propiedad. Alude a alguien que no solo juega sino que lo hace bien: “ese que tira es jugador” se suele afirmar ponderativamente. 

Fulgencio Solana Fernández, natural de Espinosa de los Monteros, tenía sin duda tal condición. Murió en 1889 con tan solo 27 años, en Sestao. La causa: el impacto de una bola. El origen de la tragedia: una distracción.

La noticia aparece en periódicos de la época, al menos en El Eco Nacional y en La Iberia y también es recogida, recientemente, en la pág. 45 de un artículo de José Ignacio Homobono: Los bolos a katxete en Barakaldo y en la zona minerofabril (1865-2014), quien nos precisa, —citando el libro de Eleuterio Gago: Cien historias de la historia de Sestao. Bilbao. 1995: págs. 446-447— que estaban jugando a otros bolos distintos del katxete, en concreto al pasabolo y que este accidente se produjo en el carrejo de la Vega Nueva “Donde un inmigrante de Espinosa de los Monteros y afincado en Bilbao, Fulgencio Solana, que había ganado una puesta que se disponía a recoger, cruzó el campo de juego con tan mala fortuna que su cabeza quedó destrozada por la bola lanzada por Antonio del Hierro, su amigo y paisano”.

La noticia produce perplejidad, extrañeza. Piensas que tal vez, por desconocimiento, no hayan sabido transcribir con precisión lo que realmente ocurrió. Que lo que lo mató, en realidad, fue uno de los bolos que salió volando y no la bola. Sin embargo, las tres fuentes coinciden en que fue la bola y además, ahondando en la fatalidad, que la lanzó su amigo.

¿Cómo pudo ser entonces? Puestos a hacer cábalas pienso que el impacto no fue tras lanzar la bola sino en el desplazamiento previo de la bola hacia atrás, en el que se produce también una gran aceleración. Me imagino al joven espinosiego presto a tirar y escuchar a sus espaldas: “Un duro a tres a la viga”. Volverse seguro de sí mismo y, como templado jugador, aceptar. Tirar, ganar la apuesta y disponerse ufano a cobrarla. Mientras tanto, Antonio iniciaba su tirada y Fulgencio que, ajeno a su triste sino, estaba tras su amigo recogiendo aún el dinero, se volvió —fatalmente ensimismado en su victoria— en el preciso instante en que aquel desplazó la bola hacia atrás con violencia, recibiendo el terrible impacto.

Creo que debió de ser así. Creo, además, que no estaban jugando al Pasabolo Tablón actual en donde el jugador coge carrera, se acerca a la “cureña” y lanza la bola a ras de suelo sino que debían estar jugando al pasabolo antiguo que 
se jugaba en el norte de la provincia de Burgos antes de que el Pasabolo Tablón, que es una evolución más “moderna” de aquella vetusta manera de jugar, lo desplazara. Es decir, a un juego a pie quieto sin carrera en el que se tiraba la bola por el aire desde el “cas”, semejante en su ejecución al actual juego de Bolos Tres Tablones (una manera de jugar al pasabolo ya perdida que, por cierto, debo de ser el único que aún la practica y que os animo a probar). La emigración que tanto contribuyó al desarrollo industrial de Vizcaya, fue probablemente la responsable de que este juego antiguo se difundiera, sobre todo, en la margen izquierda del Nervión. Aún así, aunque fuera a este tipo de pasabolo, también parece imposible que recibiera un impacto en la cabeza tras lanzar la bola porque su trayectoria apenas excede de la altura de la cadera.

Las noticias antiguas que nos llegan de los bolos tienen que ver con multas o reyertas (nunca falta algún navajazo) pero es muy raro encontrar una noticia con estas fatales consecuencias. Sin embargo, los bolos, como cualquier deporte, tienen un cierto nivel de peligrosidad si no se tiene una mínima precaución. Es lo primero que enseño a los niños. Es muy importante, por lo tanto, recordar que cuando se está dentro de la bolera, hay que saber dónde situarse y, sobre todo, estar atentos al desarrollo del juego.

No hará más de tres o cuatro años, contemplaba cómo jugaban unos chavales a los bolos en un pueblo cercano al mío. Estaba plácidamente sentado en un banco de madera junto con otras personas del pueblo 
atentos todos a un joven que se disponía a tirar cuando una niña de no más de seis o siete años, atravesó la bolera con la agilidad de una bailarina, totalmente ajena al peligro. Una persona junto a mí, habitualmente muy calmada y comedida, le pegó un grito desesperado. La niña se asustó, se lo dijo a su hermano mayor y este avisó a su madre que vino enfadada a pedir cuentas. No entendía la madre que aquel grito que le salió del alma, era el grito de impotencia de un jugador consciente de la tragedia que podría haber ocurrido. 

Óscar Ruiz, febrero 2019.

Rara avis

publicado a la‎(s)‎ 12 feb. 2019 4:22 por Óscar Ruiz   [ actualizado el 12 feb. 2019 4:33 ]

Estas bolas tienen ya unos cuantos años y están como nuevas. Mejor que nuevas. Las vendo. ¿Quieres saber por qué? Léete primero su historial:

Se las compré hace unos quince años a un maderero. Una es de nogal y la otra, según me dijo, de un árbol de esos que llaman de las carreteras: un arce, acerón o escarrio. Son duras y arrastran que da gusto por la cureña. Las llaves, espléndidas, las talló Manuel Secunza, el famoso bolero de Ampuero. Llevaban años y años guardadas en la bodega, esperando que el paso del tiempo redujera su peso pero los años pasaban y pasaban… y las bolas se mantenían en sus 7,3 kg. Era un peso excesivo pero no se quería desprender de ellas hasta que por amistad me las vendió. Le encargué a Félix de Valdivielso, un hábil artesano, que redujese su peso hasta 6,4 kg. Su diámetro es el máximo permitido de 28 cm y jugué con ellas solo en ocasiones especiales: la última vez, en el campeonato de Villarcayo, de hace cuatro o cinco años, en donde ganaron al “enemigo” un jamón y algo más de 100€.

Pero como el creyente que pierde la fe o el ateo que la descubre, yo también sentí que debía cambiar cuando, hace unos años, empecé a entrevistar a ancianos jugadores, que miraban con escepticismo y resignación el juego actual. Entendí mejor las razones de su declive. ‹‹Los buenos jugadores eran los de antes, cuando jugaban con bolas pequeñas y cogían los bolos al aire. Ahora, con esas bolas tan grandes, el juego es más sencillo pero mucho menos atractivo››, se lamentaban. Desde entonces juego y enseño con bolas pequeñas.

Nunca llevo bolas a los campeonatos —salvo en los concursos más elitistas en los que ni siquiera tienen bolas públicas— y prefiero aquellos en los que todos tiramos con las mismas bolas, como se hacía antiguamente. En esas contadas ocasiones llevo dos bolas de 25 cm de diámetro y 5 kg de peso; es más difícil ganar pero mi satisfacción es mayor...

Sé que soy una rara avis en este mundo y que los que piensan como yo, ya se van muriendo... Mi esperanza son los niños y las niñas de hoy: los jugadores del mañana.

Óscar Ruiz, julio 2018.

Cuartillos: vino y dinero

publicado a la‎(s)‎ 31 dic. 2018 2:48 por Óscar Ruiz   [ actualizado el 18 feb. 2019 2:24 ]

En tiempos pasados, los bolos era un negocio importante para los taberneros porque las apuestas de cuartillos de vino eran muy frecuentes. En aquellas ocasiones en que la bolera del pueblo se subastaba al mejor postor, las tabernas solían pujar por quedarse con su explotación.

No todo se solía beber en vino. Una cosa es un cuartillo como medida de capacidad (aproximadamente medio litro) y otra es el valor económico que se le pudiera dar. En los años 80 se solía valorar el cuartillo a peseta e incluso a 1,25 pesetas (en este último caso, 1 peseta era para el ganador y 25 céntimos para el tabernero) pero he recogido testimonios de tiempos más antiguos en que el cuartillo se valoraba a real (es decir a 25 céntimos).

De todas las maneras, lo de apostar dinero se solía perseguir y, a veces, se prohibía expresamente como se puede apreciar en este documento de 1944 en el que se saca a subasta el juego de bolos de Cidad de Ebro.

Incluso en algunos pueblos, el mismo tabernero tenía su propia bolera privada y aportaba las bolas y bolos para el juego de sus clientes. Esta imagen que muestra uno de los “juegabolos” de Puentedey, propiedad del recientemente cerrado bar de Victorino, es un claro ejemplo. Junto a la “cureña” se ve a Ángel María Sainz con una bola en la mano, hacia 1950. Dos datos interesantes se pueden apreciar: la cureña era muy estrecha y las bolas mucho más pequeñas que las actuales.

Un jugador de Pasabolo Tablón podrá pensar, al ver un solo tablón, que se trata de su juego pero la presencia del “mico” le confundirá. En realidad, corresponde al actual juego de Bolos Tres Tablones pero con una sola “cureña” como era habitual en numerosos pueblos de las Merindades. En boleras como esta podías jugar a lo que quisieses: a bolos con el mico, a pasabolos, a mico a calva,… pero siempre tirando desde el “cas”; es decir, con un solo paso y sin la carrera que habitualmente hacen en Pasabolo Tablón. Al que le tocaba plantar podía escoger entre un múltiple abanico de posibilidades, en las que el ingenio y el estudio del rival, eran puestos a prueba. Por eso, yo siempre insisto en que las partidas libres son lo más divertido de los bolos porque, en ellas, vuela la imaginación mientras que en la mayoría de los campeonatos se cortan las alas.

Óscar Ruiz, diciembre 2018.

Niños

publicado a la‎(s)‎ 16 dic. 2018 3:12 por Óscar Ruiz   [ actualizado el 16 dic. 2018 4:30 ]

¡Qué difícil es echar una buena partida de cuatro contra cuatro! Sin embargo, recuerdo ahora cómo el pasado mes de agosto echamos una, verdaderamente buena, en Quintanilla del Rebollar. Sí, una de esas partidas de las de antes, en las que te juegas un porrón y pones todos los sentidos. Tuvimos que bramar aquello de <<¡Vamos! ¡Niños! ¡Fuera!>> que nos decían antes. Los niños asombrados se salían de la bolera porque, no sé si lo sabes pero, en mi pueblo, la bolera es su coto privado y allí pasan muchas horas jugando a los bolos en el verano, a la sombra de sus espléndidas nogalas. Para ellos es un acontecimiento extraordinario ver una partida de mayores. Simplemente no están acostumbrados porque son ellos, los más pequeños, los que paradójicamente, mantienen viva esta cultura ancestral.

Pero si la esencia de los bolos son las partidas, los campeonatos también son un termómetro de cómo van los bolos en los pueblos. Hay pueblos que mantienen sus torneos un poco, creo yo, por respetar la tradición pero, en realidad, son solo cuatro los pueblos de la Merindad de Sotoscueva, en donde los niños y niñas juegan con cierta asiduidad: Cornejo, Quintanilla del Rebollar, Redondo y La Parte de Sotoscueva. Donde mejor lo puedes apreciar es en el número y estilo de los chavales que llevan a los concursos. ¡Se nota la clase! y no porque sean ni mejores ni peores sino, simplemente, porque ha habido alguien que se ha molestado en enseñarles. En el resto de pueblos, salvo algún caso aislado, los niños solo tiran el día de la fiesta del pueblo y ya vale… ¡hasta el año que viene! 

Y esta pérdida de la cultura propia, que se hace realidad en muchos pueblos de la Merindad de Sotoscueva, podríamos extrapolarla al resto de municipios de las Merindades. Los niños, sin embargo, no tienen la culpa; solo necesitan que alguien les quiera enseñar.

Óscar Ruiz, diciembre de 2018.

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