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Bolos Tres Tablones: sobre lo conveniente de reducir el peso y diámetro de las bolas

publicado a la‎(s)‎ 10 feb. 2014 2:17 por Óscar Ruiz   [ actualizado el 2 dic. 2016 10:34 ]
Las bolas de nuestro juego de bolos de las Merindades, antigua y sabiamente, eran más pequeñas que las actuales. Sin embargo, desde los años 80 y solo por el afán de derribar más bolos, se ha aumentado progresivamente su diámetro hasta el máximo de 28 centímetros actuales, lo cual ha perjudicado la estética de este juego. 

Una buena bola de madera de nogal de este diámetro pesa en torno a los 7 u 8 kg. que solo un porcentaje mínimo de jugadores lanza con facilidad. Como consecuencia la mayoría de los jugadores se ven obligados a jugar con maderas blandas o bolas hechas de varios trozos en las que el interior es blando y el exterior es duro. Esto provoca una desventaja evidente y una suma dificultad a la hora de adquirir una bola.

¿Es esta situación la más justa y equilibrada? A algunos nos beneficia, a mí el primero; sin embargo, creo que perjudica a la mayoría y, por extensión al  futuro del juego. Conviene, por lo tanto, reflexionar y pensar en el interés general por encima del nuestro particular.

Lo más divertido de nuestro juego han sido las partidas de toda la vida que siempre se ha caracterizado por derribar el mico en los sitios más variados, lo que comúnmente se llama partidas a mico libre; sin embargo, en los campeonatos “oficiales”  se pone el mico, invariablemente y con cierta monotonía, solo en la mano y en el pulgar. No olvidéis que aunque nuestro juego se pierde en la noche de los tiempos(tenemos datos escritos de comienzos del siglo XVI), su estructura como deporte federado se inicia en 1971 bajo el moderno nombre de "tres tablones".

¿Por qué no se pone el mico en el centro, por ejemplo, o entre el centro y la mano o entre el centro y el pulgar, o por fuera,...? ¿Por qué no se reproduce en un campeonato toda la riqueza de nuestro juego? ¿A qué se deben tantas limitaciones que tienden a hacer aburrido y monótono un juego que en realidad es divertido? La respuesta es sencilla. El peso de la bola da ventaja y solo hay dos sitios donde esa ventaja se nota menos, aunque también es manifiesta: en la mano y en el pulgar. 

Esta falta de igualdad actual se acabaría investigando en nuestra historia y recurriendo a la sabiduría de los antiguos jugadores que practicaron durante varias centurias un juego, en mi opinión, más atractivo que el actual, lanzando desde una distancia más lejana y con bolas mucho más pequeñas: un juego más difícil pero, sin duda, mucho más atractivo y espectacular.

Para conseguir una mayor igualdad, se debería reducir el diámetro de las bolas y, sobre todo, limitar el peso al que razonablemente pueda lanzar, al menos, el 80% de los jugadores sin dañarse la espalda. ¿Cuál es el peso máximo adecuado de una bola para ese porcentaje de jugadores?  En mi opinión no más de 5,5 kg., por lo que parece razonable, por el bien de la mayoría, fijar ese peso como máximo para poder jugar con mucho más equilibrio.

Si limitáramos el peso, asimismo habría que limitar el diámetro de la bola, teniendo como referencia la madera ideal que a todos nos gustaría tirar. 
¿Qué madera es la mejor para jugar a los bolos?: la del tronco o cepa del nogal que arrastra muy bien por la cureña, y ¿qué diámetro tiene una bola de nogal de 5,5 kg.? No es fácil la respuesta, porque depende lógicamente de la densidad del nogal, pero aproximadamente unos 25 cm. 

Por lo tanto sería deseable limitar el peso a 5,5 kg. y el diámetro a 25 cm. Alguno podrá decir que estamos regulando en exceso, y no es conveniente para un deporte rural que se ha guiado por normas consuetudinarias pero cuando la acelerada evolución de los tiempos modernos es negativa, hay que reflexionar y plantearse que tal vez puede ser conveniente, en este caso concreto, mirar hacia atrás para avanzar.

En cuanto a las mujeres, que ya están empezando a organizar campeonatos de mayores dimensiones, creo que ellas mismas se deberían plantear estas preguntas y no caer en el mismo error que hombres. 
Después de haber enseñado durante años a niñas y mujeres, de haber colaborado en la organización de varios campeonatos femeninos, creo que fijar la distancia de lanzamiento a un mínimo de 8 metros , limitar el diámetro a 25cm. y el peso de las bolas a un máximo de  4,5 kg. igualaría el juego y lo haría más atractivo.  Sí, repito, limitar el peso lo considero fundamental porque da una gran ventaja y si no se hace corre el riesgo de convertirse en un juego de forzudas. Las niñas con doce años que poseen la técnica adecuada ya llegan de sobra desde esa distancia.

¿Qué beneficios obtendríamos?: más diversión, más igualdad y más salud. Además, practicaríamos un juego estéticamente mucho más atractivo tanto para los jugadores como para el público. Sería más difícil dar los bolos pero, al menos, sería igual para todos y nuestra espalda, a la larga, lo agradecería. 

Alguno pensará que esto es una revolución pero, en realidad, no es más que volver a la esencia de este juego; recordad vosotros mismos o preguntad a vuestros mayores con qué bolas tiraban y coincidiréis conmigo en que eran incluso más pequeñas y de menor peso que el que sugiero. No solo el testimonio oral lo atestigua sino que tenemos libros relativamente antiguos (del año 1925 en el Valle de Mena y del año 1961 en Pedrosa de Valdeporres) que así lo confirman; incluso en el primer reglamento de la Federación Española de Bolos, del año 1971, las bolas tenían un diámetro de 25 cm. 

Solo la emigración a las grandes ciudades, el contacto con otras modalidades (bolo palentino, remonte ayalés,...) y el empleo del moderno torno mecánico, trajo como consecuencia que se fuera aumentando el diámetro de las bolas y reduciendo, incomprensiblemente, la distancia de tiro. Es cierto que hoy en día se derriban más bolos pero la estética del juego, sin duda alguna, se ha resentido asestando un duro golpe a la gran belleza y plasticidad de este juego. 

En cualquier caso, la vida es cambio continuo y no se trata de volver a los tiempos antiguos porque sí - en el pasado hubo cosas buenas y cosas mejorables - sino de pararse a reflexionar y analizar adonde nos ha llevado la evolución en el tamaño de las bolas, y si realmente ha sido positiva o no.

Mi opinión ya la tenéis. 

Óscar Ruiz, junio 2013.