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Pleitos, multas, reyertas y muertes en el juego de bolos

publicado a la‎(s)‎ 22 abr. 2016 11:21 por Óscar Ruiz   [ actualizado el 12 may. 2016 2:16 ]

Las fuentes antiguas no han tratado 
a los bolos con delicadeza en siglos pasados. Los testimonios históricos son más bien escasos y suelen responden a temas económicos o punibles: costes, prohibiciones, multas, peleas,...

La antigüedad del juego de bolos está fuera de todas dudas. Aunque hay algún estudioso que argumenta que su entrada en la Península debió ser posterior al siglo XIII porque no aparecen en el “Libro de los Juegos del Rey Alfonso X El Sabio” parece erróneo sacar tal conclusión a tenor del tipo de juegos que se reflejan en dicha obra: ajedrez, dados, tablas,... En mi opinión es un juego tan ancestral que nos retrotrae a épocas más pretéritas, primitivas y remotas. Otra cosa bien distinta es la diversidad de modalidades, algunas relativamente modernas y otras muy antiguas.

En el norte de la provincia de Burgos tenemos una de las referencias escritas más antiguas sobre los birlos - sinónimo desusado de bolos - en la Merindad de Valdivielso en el año 1530 (Archivo de la Real Chancillería de Valladolid, Registro de Ejecutorias. Legajo 0218). Se trata de la ejecutoria del pleito litigado por Juan de Tejada, vecino de Puente Arenas en la que aparece el texto: "injurió gravemente a él y a las susodichas, diciendo que su hija era ruin e hija de ruin, e que se metiese unos birlos que ahí estaban por una parte en el cuerpo, e los sacase por otra, la dicha su hija". (Belosticalle. Insultar en Valdivielso. Cuadro II). Esta mención es una de las más tempranas que se conocen en España. Recuerdo otra - tal vez la primera de que se tenga constancia escrita - pocos años anterior: en 1495 aparece registrada, en el archivo de Simancas, una querella de Alonso de Quintanilla, Contador Mayor de los Reyes Católicos contra Nuño Bernaldo de Quirós por – literalmente - “mear” su escudo de armas durante una partida de "byrlos" jugada en el Campo San Francisco, en Oviedo, durante las fiestas del Corpus. 

Como veis los primeros textos escritos no son para poner coronas de laurel en las conspicuas cabezas de excelsos jugadores. A pesar de ello, los documentos históricos nos dejan entrever que la afición a los bolos era tan grande que, hasta los monjes del Monasterio Cisterciense de Santa María de Rioseco, en el Valle de Manzanedo, no se privaban de jugar disputadas partidas en la que era, por el año 1610, su “renovada” bolera (Cadiñanos Bardeci, Inocencio. El monasterio cisterciense de Santa María de Rioseco. Historia y Cartulario. Villarcayo, 2002). Poco después, y antes de que mediara el siglo XVII, sabemos - por las actas municipales y gracias a la labor investigadora del catedrático Manuel López Rojo - que los regidores de cuatro pueblos: Mozares, Campo, Torme y Miñón fueron sancionados con una multa de 200 maravedíes porque prefirieron retarse a los bolos, en el Soto de Villarcayo, que acudir a la Junta de la Merindad de Castilla la Vieja. (El pasado histórico de Castilla y León. 2, Edad moderna, p.102. Burgos; Junta de Castilla y León, 1983). No fueron los únicos; por las mismas fechas y por motivos semejantes, las Actas reflejan que fueron multados los regidores de Escaño, Escanduso, Tubilla y Cigüenza. 

Más próximos en el tiempo, si investigamos en la prensa histórica de finales del siglo XIX y principios del siglo XX, las noticias que encontramos referentes al juego de bolos, en el norte de la provincia de Burgos, inciden en las peleas e incluso en lamentables desenlaces: 

“En una reyerta suscitada en el juego de bolos del pueblo de Quintanilla del Rebollar (Burgos) se fueron a las manos varios de los jugadores, saliendo a relucir las navajas y resultando gravísimamente heridos en la espalda los jóvenes Eugenio Gómez, Pedro Sierra y Teodoro Peña. La Guardia Civil detuvo a varios de los agresores”. (La Iberia, 1 de mayo de 1893). 

“A disposición del Juzgado de Instrucción de Quintanilla de Sotoscueva, han sido puestos varios vecinos que hirieron días pasados en el juego de bolos a Julián y Gregorio Gómez”. (La Verdad, Año II Número 122, 2 de abril de 1894).

“Buen día de San Isidro le amaneció a Sotero Huidobro, vecino de Los Barrios de Bureba, que le mataron de una puñalada en una reyerta promovida por haberse roto un pellejo de vino en el juego de bolos”. (El Papa-Moscas: periódico satírico. Año XVIII. Número 908. 19 de mayo de 1895).

“En una reyerta habida por una partida de bolos entre los vecinos Bernardo Ruiz, de Arroyo de Valdivielso y el de Quecedo, Juan Alonso Fernández, asestó este último una cuchillada al Bernardo que le causó la muerte instantáneamente, huyendo a Quecedo, marchándose después, por cuya causa se ignora su paradero, aunque se sospecha haya ido a las minas de Bilbao, que es el pozo Airón donde van a parar varios delincuentes de la provincia”. (El Papa-Moscas: periódico satírico. Año XXVIII. Número 1498. 14 de enero de 1905). 

“En Villarcayo ha fallecido el joven de 14 años Vicente Díez a consecuencia de un bolazo que recibió en la cabeza en el juego de bolos, que sin querer le dio otro compañero llamado Baltasar González”. (El Papa-Moscas: periódico satírico. Año XXXI. Número 1680. 28 de marzo de 1909).

El vino y las apuestas no siempre eran buenos amigos y, sin duda, generaban noticias que eran aprovechadas con ávida diligencia por los periódicos de la época. Afortunadamente conservamos algunas pequeñas crónicas de los años 30 que también saben transmitir de una manera más positiva, la pasión y la emoción que los bolos suscitaban: 

“El día 8 por la tarde se celebró un animado campeonato de bolos entre los distinguidos aficionados a este
deporte en Espinosa de los Monteros, que resultó un espectáculo atrayente y simpático, siendo los partidos más emocionantes los celebrados entre el registrador de la propiedad de Pola de Siero (Asturias) don Hipólito Villasante y el ex diputado provincial por Madrid don Leonardo Sáinz de Baranda, en el que resultó campeón éste último, y el que tuvo lugar entre el acaudalado capitalista don Valeriano Chaves y el culto médico don Nicolás de la Peña. Las sensacionales jugadas que hacían éstos últimos contrincantes producían tal emoción entre el distinguido público que presenciaba el torneo, que eran rubricadas con entusiastas ovaciones. Ganó el señor Chaves. 

El campeonato terminó con una grata fiesta para todos los concurrentes, en la que se reflejó el chispeante ingenio de los distinguidos espectadores”. (El Noticiero Bilbaíno, 9 de agosto de 1932). 


Óscar Ruiz, abril 2016.