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Niños

publicado a la‎(s)‎ 16 dic. 2018 3:12 por Óscar Ruiz   [ actualizado el 16 dic. 2018 4:30 ]
¡Qué difícil es echar una buena partida de cuatro contra cuatro! Sin embargo, recuerdo ahora cómo el pasado mes de agosto echamos una, verdaderamente buena, en Quintanilla del Rebollar. Sí, una de esas partidas de las de antes, en las que te juegas un porrón y pones todos los sentidos. Tuvimos que bramar aquello de <<¡Vamos! ¡Niños! ¡Fuera!>> que nos decían antes. Los niños asombrados se salían de la bolera porque, no sé si lo sabes pero, en mi pueblo, la bolera es su coto privado y allí pasan muchas horas jugando a los bolos en el verano, a la sombra de sus espléndidas nogalas. Para ellos es un acontecimiento extraordinario ver una partida de mayores. Simplemente no están acostumbrados porque son ellos, los más pequeños, los que paradójicamente, mantienen viva esta cultura ancestral.

Pero si la esencia de los bolos son las partidas, los campeonatos también son un termómetro de cómo van los bolos en los pueblos. Hay pueblos que mantienen sus torneos un poco, creo yo, por respetar la tradición pero, en realidad, son solo cuatro los pueblos de la Merindad de Sotoscueva, en donde los niños y niñas juegan con cierta asiduidad: Cornejo, Quintanilla del Rebollar, Redondo y La Parte de Sotoscueva. Donde mejor lo puedes apreciar es en el número y estilo de los chavales que llevan a los concursos. ¡Se nota la clase! y no porque sean ni mejores ni peores sino, simplemente, porque ha habido alguien que se ha molestado en enseñarles. En el resto de pueblos, salvo algún caso aislado, los niños solo tiran el día de la fiesta del pueblo y ya vale… ¡hasta el año que viene! 

Y esta pérdida de la cultura propia, que se hace realidad en muchos pueblos de la Merindad de Sotoscueva, podríamos extrapolarla al resto de municipios de las Merindades. Los niños, sin embargo, no tienen la culpa; solo necesitan que alguien les quiera enseñar.

Óscar Ruiz, diciembre de 2018.