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Entre la duda y la prudencia

publicado a la‎(s)‎ 11 abr. 2018 5:01 por Óscar Ruiz   [ actualizado el 8 jun. 2018 1:47 ]
A mí me gustan las narraciones y leyendas. ¡Que vuele la imaginación! Y, por mis pueblos de origen, me gusta imaginar una valerosa resistencia de la primitiva Cantabria frente a los romanos, en la Edad Antigua, como igualmente, siglos más tarde, una aguerrida lucha frente a los árabes, en la más primitiva Castilla de la Alta Edad Media.

Sin embargo, no se me ocurre hacer AFIRMACIONES HISTÓRICAS sobre el juego de bolos sin una base científica y basándome solo en la hipótesis de que “pasaban por allí” si no aportan solidez (también lo hicieron los romanos, los bereberes o los peregrinos del Camino Olvidado). Y lo digo porque me sorprende ver con qué alegría se afirma, en congresos incluso, que los Bolos Tres Tablones “nacen en la comarca de las Merindades, importados desde Flandes por los comerciantes de lana”.

Al igual que la Historia se apoya en la Arqueología o en otras ciencias auxiliares, los bolos deben seguir el mismo camino. En nuestro caso, la Paleografía y la Antropología son dos de sus mejores aliados. Por ellas sabemos, por ejemplo, que en 1530 en Puente Arenas se jugaba a los birlos (bolos), que a mediados del pasado siglo —en algunos lugares como Ahedo de las Pueblas— de niños jugaban a los pasabolos y de hombres, a los bolos o que numerosos pueblos evolucionaron de una a tres cureñas.

Y aún así, huir de las supuestas certezas y siempre dudar, que es el verdadero principio del conocimiento.

Óscar Ruiz, abril  2018.