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Necesidad de un Gran Campeonato de Bolos divertido, justo y espectacular

publicado a la‎(s)‎ 19 ago. 2015 1:44 por Óscar Ruiz   [ actualizado el 8 may. 2020 10:03 ]
Para crear debes ser consciente de las ‎tradiciones‬, pero 
para mantener las tradiciones debes de ‎crear‬ algo nuevo.
 (Carlos Fuentes)

Cuando nuestro ancestral juego de las Merindades se convirtió en deporte en 1970 con el nombre de Bolos Tres Tablones, imitó lo que ya existía reglamentado; es decir, copió ideas de las competiciones oficiales del Bolo Palma cántabro, reduciendo la rica diversidad de nuestro juego a tirar ochenta bolas en un campeonato de España, unas a la "mano" y otras al "pulgar", en jornadas maratonianas. El tiempo ha demostrado, sin embargo, que estos campeonatos tienden a la monotonía y son poco atractivos para el público en general, por su excesiva simplicidad y constante repetición. 

Un buen jugador con el que coincido me dice que es lo mismo que si el baloncesto, por ejemplo, se limitase a poco más que a lanzar tiros libres y creo que es una observación muy acertada. Sería muy importante, por lo tanto, crear un concurso que supliera estas limitaciones. Sí, un Gran Campeonato de resonancias antiguas, en el que pudieran destacar los jugadores “totales” capaces del dar el “mico” en los sitios más insospechados, más allá de la “mano” o el “pulgar”. Un campeonato atractivo que reproduzca toda la diversidad de una buena “partida” de las de antes, de las que se llaman a “mico libre” en las que van juntos el riesgo, la habilidad y la estrategia. El problema es que este tipo de campeonato que propongo, en el que todos tendríamos que tirar con las mismas bolas, no le seduce a casi ninguno de los jugadores federados ya que les saca de su zona de confort (que si no me gusta la “llave”, que si no me gusta el peso, etc.). Yo respeto esa opinión porque es muy humana pero creo que no es buena para el futuro de los bolos.

Me gustaría que fuera un campeonato
 atrayente, complejo e igualitario que tuviera las siguientes características: 

1. Bolas colectivas y control del peso máximo. 

En otro artículo argumenté los motivos. El peso máximo no debería exceder de 5,5 kg y el diámetro no debería tampoco sobrepasar los 25 cm.

Las bolas, macizas y sin trucar, deberían estar pintadas en tres colores distintos según su peso para agilizar su localización: hasta 4,6 kg, hasta 5,1 kg y hasta 5,5 kg. 

Dicen que el buen jugador tira con una piedra pero si alguno no se adaptase a las ”agarraderas” de las bolas colectivas, podría aportar al campeonato cuantas bolas quisiese, pintadas en los colores acordados, siempre y cuando fueran supervisadas y aprobadas por los árbitros. La aportación de estas bolas sería considerada como una donación y pasarían a ser propiedad de la organización que las emplearía en sucesivos campeonatos.

2. Sería un campeonato potente y muy atractivo para el público que estaría por encima o a la par, al menos en cuanto a prestigio, de los campeonatos de España.

¿Cuándo?: todos los 15 de agosto. 

¿Dónde?: en las Merindades. 

¿Quiénes participarían?: todas las personas que quisieran aunque estarían clasificados, previamente, los campeones y subcampeones de todos los campeonatos de España así como los clasificados en alguna ocasión para el Torneo de Maestros. El resto de jugadores, fueran federados o no, tendrían una oportunidad la semana previa al día del campeonato. Tirarían dos bolas a bolos y se clasificarían aquellos jugadores que hicieran al menos 10 bolos. 

3. ¿Dónde plantar el mico? El campeonato que propongo puede parecer complejo pero, en realidad, es sumamente sencillo porque reproduce toda la diversidad que nos podemos encontrar en una partida tradicional de las de antes pudiendo tirar para arriba a cualquiera de las tres cureñas. 

La anchura del terreno del juego de bolos es de 6 metros. Respetando los 40 cm de los bordes laterales como indica el actual reglamento (la longitud de un bolo), dividiría la distancia entre el final de las cureñas y el cas de bajada (birle) en tres zonas: B (baja), M (media) y A (alta) y seis rectángulos (1, 2, 3, 4, 5 y 6); dos por cada zona.

Nunca se sabría el sitio exacto de los micos. Una persona arrojaría de espaldas, antes de comenzar el campeonato, un bolo de manera aleatoria a cada zona B, M y A, tres bolos en total. Se señalaría el mico en el sitio preciso, de cada uno de esos tres rectángulos, en donde hubiesen caído la base de los bolos y en los sitios equivalentes de sus rectángulos opuestos (seis en total) para que el campeonato estuviese perfectamente equilibrado tanto para zurdos como para diestros. Entre ambos micos debería haber, asimismo, una distancia mínima de 10 cm de tal manera que nunca se plantaría en el centro exacto.

Una vez fijados los seis micos cada jugador tiraría dos bolas de subida, una al mico 1 y otra al mico 2. Para bajar se tiraría una bola a cuatrear y otra a pasabolos a "pie quieto". La de cuatrear siempre alternado las calles laterales y la de pasabolos al centro. Luego, sucesivamente, al mico 3  y al mico 4,… Para la jugada de pasabolos, cada bolo que llegase a 9 metros del último bolo, valdría 2 bolos y el resto 1 bolo. Esta jugada no debe asustar a nadie porque llevar los bolos al fondo de la bolera no es cuestión de fuerza sino de precisión. Creo que incorporar esta jugada es importante porque busca recuperar la estética del juego y una manera de jugar de nuestros abuelos que nunca debimos haber perdido. Incomprensiblemente, nos olvidamos de ella cuando surgió el Pasabolo Tablón, una modalidad derivada de nuestra forma antigua de jugar pero claramente diferenciada por la incorporación de la carrera hacia los bolos. 

Una vez lanzadas esas 12 bolas se eliminarían el 50 % de los jugadores. Si hubiera algunos empatados que excedieran de ese 50% pasarían la ronda para evitar pérdidas de tiempo en el desempate.

Los bolos, por supuesto, se irían acumulando. Una segunda ronda con las mismas características (nuevo lanzamiento aleatorio de tres bolos para fijar los micos) eliminaría otro 50 % de los participantes y una tercera ronda determinaría el vencedor de manera que al final, el ganador habría tirado un total de 36 bolas en lugar de las 80 actuales subiendo 18 bolas a micos distintos y birlando (bajando) 9 bolas a cuatrear (a cureñas alternas de mano y pulgar) y 9 bolas a pasabolos (cureña del centro).

4. El campeonato debería ser transversal en cuanto a la participación pero con categorías diferenciadas: Absoluta (10 m), Mujeres (8 m), Veteranos (9 m) y Menores de 15 años (9 m)

5. Desarrollar el campeonato siempre en una bolera de las Merindades o muy cercana a ellas y en una fecha señalada (15 de agosto). Villarcayo tiene la ventaja de que es una bolera al aire libre con cubierta cenital y sería una buena ubicación para el primer campeonato que, no obstante, debería rotar cada año por otros pueblos de las Merindades. Se podría hacer también en las zonas de emigración a donde ha llegado nuestros bolos (Bilbao, Vitoria, Burgos o Madrid) pero creo que no es lo más conveniente para este campeonato en concreto porque no debemos limitarnos solo a jugar a los bolos, debemos también captar público, crear escuela,... y si no se recupera este juego en sus zonas de origen, a la larga desaparecerá. 

6. Aparte de los premios a los vencedores sería importante que se sortease algo atractivo entre todos los participantes e incluso entre el público. 

Con estas ideas creo que se haría un campeonato divertido, justo y espectacular que a la larga contribuiría a recuperar parte de la afición perdida. 

Óscar Ruiz, agosto 2015.