Cómo hacer un juegabolos o bolera en Las Merindades

Juegabolos es una palabra muy común utilizada tradicionalmente en el norte de la provincia de Burgos. No aparece en el diccionario de la Real Academia, pero es un sinónimo de bolera, término más moderno cuyo uso está generalizado en la actualidad.

En algunas ocasiones me han preguntado sobre qué tipo de bolera hacer: tradicional, moderna o mixta (tierra y madera, tierra y metal, cemento y metal...) Desde luego no es una fácil decisión porque puede depender de factores económicos, estéticos, prácticos e incluso sentimentales.

Hay múltiples tipos de boleras. Muchas de ellas están lastimosamente estropeadas y medio abandonadas, con vallas anti estéticas y cementos agresivos de pésima calidad que desaconsejan jugar siquiera en ellas. Peligra la salud de las bolas y, cuando hacemos una bolera, no nos olvidemos que es lo primero en lo que debemos de pensar.

Voy a analizar cuatro tipos distintos que reflejan la evolución de los materiales empleados para que podáis tenerlos en cuenta si queréis hacer una bolera nueva o reformar una que se halle en mal estado.


1. Juegabolos de una sola cureña de madera y tierra.

Antiguo juegabolos de una sola cureña de madera y tierra en Ahedo de las Pueblas
Juegabolos de una sola cureña de madera y tierra en Busnela

Tierra y madera constituyen la esencia tradicional y básica de nuestro juego de bolos en las Merindades. Quedan muy pocas boleras así pero, en realidad, es todo lo que se necesita para echar una partida divertida y competida. Vosotros mismos podéis hacerla con una viga vieja que sirva como cureña, enterrándola en el centro del juegabolos y haciendo tres pequeñas muescas para sujetar los bolos con arcilla si fuera necesario. Poco más hay que hacer salvo nivelar bien el terreno y poner maderos en sus extremos para detener las bolas.

Recuerdo que, en un pequeño pueblo muy cercano al mío, unos cuantos amigos hicimos así nuestro juegabolos con una traviesa desechada del tren y pasamos algunas tardes memorables, en los veranos de nuestra adolescencia.

Esta es una manera de jugar sin apenas hacer inversión económica, ideal para iniciarse y pasarlo bien pero si queremos ir un poco más allá, podemos encargar una cureña de madera adecuada (roble o maderas tropicales) convenientemente tratada, con las medidas reglamentarias de 420x40 cm y una altura mínima de 20 cm.


2. Juegabolos de tres cureñas de madera y tierra.

Juegabolos de tres cureñas de madera y tierra en Quintanilla de Sotoscueva
Juegabolos de tres cureñas de madera y tierra en La Parte de Sotoscueva

Es un paso más en la evolución pero sigue siendo el mismo juego. Antiguamente no todos los pueblos tenían tres cureñas pero allá por los años 60 y 70 muchos empezaron a instalar tres.

Jugar con tres cureñas permite, sin duda, una variedad mayor de jugadas (cuatrear, tirar a las cureñas de fuera,…) pero no es imprescindible para divertirse porque lo esencial para desarrollar el juego es la cureña central.

Hoy en día quedan muy pocos juegabolos en los que se pongan cureñas de madera pero me parece una opción muy interesante y atractiva. En este juego es en donde menos sufren las bolas pero no podemos olvidar que los constantes golpes y las inclemencias del tiempo deterioran las cureñas. El inconveniente principal, por lo tanto, es que requieren un mantenimiento.

Antiguamente, las maderas más empleadas para las cureñas eran el haya y el roble sin tratar pero, con el tiempo, se abrían y deterioraban (se esbringaban) debido a las lluvias y a los contrastes de temperatura. Actualmente se emplean también maderas tropicales que resisten bien a la intemperie si están correctamente tratadas. En cualquier caso, cada pocos años las cureñas deben levantarse, cepillar la madera deteriorada y volver a asentarlas.


3. Bolera de cureñas metálicas de acero y tierra.

La manera de jugar sobre metal o madera varía ligeramente. Para jugar bien sobre una cureña metálica hay que tener buen pulso pero para hacerlo sobre una cureña de madera que ha sufrido cierto deterioro, no solo basta con la puntería sino que es conveniente tirar la bola rasa y con fuerza cogiendo los bolos al aire, algo estéticamente muy atractivo que sabían hacer muy bien nuestros mayores.

El paso de la madera al metal, que se produjo en los años 70 tras convertirse en modalidad deportiva, fue una evolución lógica del juego al conseguirse, por fin, una superficie lisa y duradera. Se evita, de esta manera, el azar de las malas pegadas provocadas, no solo por los sucesivos impactos de las bolas sobre las cureñas de madera sino, también, por los agujeros que se forman sobre el terreno cuando las bolas se dirigen hacia los micos.

Juegabolos con cureñas de acero (4 chapas) y tierra en Quintanilla del Rebollar
Juegabolos con cureñas de acero (1 sola chapa) y tierra en Montejo de San Miguel

De 1977 son las cuatro chapas de acero del juegabolos de Quintanilla del Rebollar. Se asentaron directamente sobre tierra bien atacada y apretada. Es una opción muy interesante porque combina lo antiguo con lo moderno. Sin embargo el acero no forma un rectángulo perfecto que sería lo deseable para poder jugar a las calles laterales con la misma fiabilidad que se juega a la cureña central.

En Montejo de San Miguel sí que han conseguido crear ese rectángulo con una sola chapa muy grande en la que se marcan las cureñas. Transcribo las palabras de Julio Alberto García Martínez, uno de los artífices del importante concurso de bolos denominado Las 24 Horas de Bolos, de cómo renovaron su bolera:

“La chapa de nuestro juegabolos mide 8 m de larga por 3 m de ancha. El grosor es de 2,5 cm. Se colocó en el juego en 1989. Está asentada sobre arena sin ningún tipo de caja. La colocación de la chapa, sin duda ninguna fue la mejor inversión que hizo el pueblo para el mantenimiento de los bolos. Tras veinticinco años con la chapa no ha habido que realizar ningún tipo de mantenimiento. Si no hubiera sido por la chapa, imagino que el juego de bolos estaría abandonado. Tampoco convencían las chapas individuales para cada tablón que se ponían en otros juegos; se movían, se desequilibraban, se ahuecaban... todo problemas. Creo que la chapa única es la mejor solución, y sobre todo para los pequeños pueblos que no disponen de personal para llevar el mantenimiento. El resto del juego es de tierra y en primavera se llena de chiribitas, una maravilla. Recuerdo con añoranza cuando los tablones eran de roble y los bolos de madera, pero era inviable su mantenimiento”.

El problema de este tipo de chapa empleada en Montejo, sin embargo, es su precio y que necesita un transporte especial así como una grúa para colocarla, ya que pesa más de 4000 kg. Además, el hecho de haberla asentado directamente sobre tierra no ha impedido que se vaya ahuecando, lo que ha provocado que los impactos de las bolas reverberen con un sonido de campana.

Como podéis leer, ambos boleras representan una opción muy interesante que combina tradición (tierra) con modernidad (acero). Se tiene la fiabilidad de las pegadas y las bolas se van frenando con la tierra antes de llegar a la viga final, reduciéndose los golpes que las deterioran sin necesidad de hacer un foso.


4. Bolera de cureñas metálicas y cemento pulido de gran calidad.

Este tipo es el de la mayoría de las boleras federadas de Madrid, Burgos, Vizcaya y Álava. Unas pocas boleras como Miranda de Ebro, Vitoria o Arroyo de San Zadornil tienen una sola chapa gigante sobre la que se marcan las cureñas en su interior como en Montejo pero la mayoría (Villarcayo, Medina de Pomar, Quincoces de Yuso...) emplean tres chapas pequeñas para las cureñas y una más grande, en forma triangular y menos gruesa, que llega desde el segundo bolo hasta los micos de la mano y del pulgar, siendo el resto de la bolera de cemento pulido.

Bolera de acero (3 cureñas+triángulo) y cemento pulido en Medina de Pomar
Bolera de acero (1 sola chapa) y cemento pulido en Vitoria

Sin embargo, en el Club Bolera Merindades de Madrid, se salen de este esquema de chapa triangular para los cases de los micos y, aunque también se emplea tres chapas para las cureñas, se cubre toda la misma superficie que ocuparía la chapa gigante, con otras ocho chapas menos gruesas en forma de rectángulos de diverso tamaños.

El acero y el cemento pulido tanto desde el punto de vista práctico (no se deterioran las cureñas) como desde el punto de vista técnico (superficie totalmente lisa) es un avance importante sin duda, máxime cuando se trata de boleras en las que se juega habitualmente. Tienen el inconveniente de que las bolas cogen una velocidad excesiva al deslizarse sobre el cemento pulido, lo cual obliga a habilitar un foso o un buen sistema que las frene sin maltratarlas en ambas cabeceras, evitando así el deterioro de las bolas; asimismo se debe poner protecciones en los laterales de la bolera que amortigüen los impactos de los bolos.

Julián López, presidente del Club Bolera el Pinar, nos indica cómo se hizo la de Medina de Pomar:

“El grosor de las chapas (cureñas metálicas) es de 2,50 cm y el tipo de cemento el más fuerte. La goma sobre la que se asientan las chapas es de cinta, con lona en el centro de un centímetro de grosor. La anchura de la goma es de 39 cm y el largo lo que mide la cureña: 420 cm. En principio se hace la caja en donde se pondrán las cureñas de chapa. Sobre esa base se hace el suplemento en donde se pondrían las cureñas; después se pone la lona anteriormente dicha. Sobre la lona se ponen las chapas y unos ángulos de 8 centímetros alrededor de cada chapa. En la salida de la chapa central, es decir, en la chapa en donde se colocan los micos que es algo más delgada (1 cm de grosor), se pone cemento en el centro, y se espera a que se seque para que, cuando se ponga la chapa encima, se pueda asentar bien. Rellenamos después los espacios entre las tres cureñas dejando todo aplomado. Hay que hacer todo esto con mucho cuidado, porque después es difícil reparar los fallos”.

La bolera del Club Monte Alegre en Vitoria, también es de cemento pulido y acero; en este caso, como ya he comentado se trata de una sola chapa gigante en la que se dibujan las cureñas. Miguel Ángel Martínez, director de la especialidad de Bolos Tres Tablones ante la Federación Española de Bolos, nos detalla cómo asentaron la chapa:

“Primero se hizo una base de hormigón. Segundo se echó una capa de arena prensada para evitar posibles burbujas y, sobre ella, se puso una goma dura de 2 cm de grosor. Finalmente se colocó la chapa de 2,5 cm, soldándola a un ángulo de hierro que la rodeó y que estaba recogido o empotrado en el hormigón de la primera base”.

Bolera de acero (3 cureñas+8 rectángulos) y cemento pulido en Madrid
Presupuesto y medidas de las 11 chapas del Club Bolera Merindades, en Madrid

La bolera de Madrid también es de cemento pulido y acero. Conozco bien cómo se hizo. En primer lugar se formó una caja rectangular de 290 x777 cm con un ángulo de acero de 2,5x2,5 cm incrustado en el hormigón de primera capa. En su interior, sobre el cemento y goma, se colocaron once chapas, encajándolas una junto a otra con precisión, como si de un rompecabezas se tratara: tres de 2 cm de grosor para las cureñas y el resto de 1 cm, cubriendo así de acero todo el interior de la caja. De esta manera se protege también las bolas que no impactan directamente sobre las cureñas. Bajo las tres cureñas hay una goma dura de lona de cinta transportadora de 0,5 cm y bajo el resto de chapas, gomas de 1,5 cm para igualar así todo el conjunto de 11 chapas al mismo nivel. Toda esta estructura descansa sobre una base de cemento pulido con la imprescindible salida en su base para el agua.

PLANO BOLERA TRES TABLONES

Si al hacer una nueva bolera se opta por el metal en lugar de la madera, es mejor que el acero ocupe toda la parte más oscura de este plano de unos 8x3 m.

Cualquiera de estas cuatro opciones que he analizado es interesante. Tenéis que ver cual es la que más se puede adaptar a vuestras necesidades y posibilidades.

Tanto si estáis aprendiendo a jugar como si contáis con un presupuesto muy bajo, podéis optar por el juegabolos tradicional de tierra y madera; desde luego es la mejor manera de iniciarse y en donde menos sufren las bolas al no haber cemento. La suerte esquiva, producto de la inestabilidad de las malas pegadas, y su mantenimiento son las dificultades que os vais a encontrar a la larga pero os divertiréis igual que en cualquier otra bolera.

Si ya sois jugadores habituales que sabéis apreciar la fidelidad que aporta una superficie totalmente lisa entre cureñas y micos, optad por el metal pero no solo en las cureñas, ponedlo también en las salidas de las mismas hasta la línea más habitual de los micos de la mano y el pulgar, que se encuentra a 4 m del último bolo. La duda está entre poner una sola chapa o varias para este amplio espacio de unos 8x3 m. Como ya he comentado, poner una única chapa es muy caro además de requerir un transporte especial y una grúa para instalarla o reajustarla si fuera necesaria. Por lo tanto, quizás sea más razonable poner varias chapas. Si la bolera está hecha con precisión, no tienen por qué dar problemas y una sola persona puede mover las cureñas.

Entre la opción más habitual, de tres cureñas y un triángulo referida más arriba y la de tres cureñas y ocho rectángulos, es preferible esta última ya que cubre la misma superficie de metal que una chapa única alejando al cemento de la proximidad del impacto directo de las bolas, que es esencial para preservar su integridad. Las cureñas deben tener 2 cm para resistir con garantías los impactos. Se puede poner cureñas de más grosor pero la experiencia nos dice que es innecesario. El resto de chapas con que tengan 1 cm de espesor es suficiente, ahorrándonos una cantidad de dinero importante. Asimismo, para amortiguar hay que poner una goma dura de lona de cinta transportadora de 0,5 cm entre el cemento y la cureña. Suele ser suficiente pero, si aún así consideramos que la bola bota demasiado, debemos añadir encima otra menos dura y fina para conseguir que la bola ni bote de más ni tampoco se duerma en exceso.

En cuanto al tipo de acero es suficiente la calidad S235JR, con bajo contenido de carbono, para soportar el impacto de la madera. Debemos encargar las chapas con los cantos ligeramente biselados porque los cantos vivos actúan como cuchillas contra las bolas, y todas deben llevar una pequeña incisión en su extremo que permita levantarlas fácilmente, con una palanca o pata de cabra.

En mi opinión, si fuera a hacer la bolera en un barrio de una ciudad o en un polideportivo la construiría con acero y cemento pulido, con su foso correspondiente, como se ha hecho en tantas boleras federadas pero si fuera a hacerla en un pueblo con encanto, como son la mayoría de los pueblos de las Merindades, la haría con acero y tierra reduciendo el cemento pulido a su mínima expresión, es decir, a una necesaria pequeña franja en los cases de tiro, los cuales se pueden marcar con facilidad abujardando levemente el cemento en donde se va a apoyar el pie. Con hacer un cas de subida de 12x12 cm y dos de bajada para los laterales de 12x100 cm, olvidándonos del centro, es suficiente. Los cases de bajada o birle son de un metro de ancho y forman un ángulo recto con la línea imaginaria que pasa por los tres bolos de las cureñas laterales, permitiéndonos tirar a cuatrear asumiendo un mayor o menor riesgo. Lo de no rellenar todo el juego de cemento lo digo por estética porque, no sé a vosotros, pero a mi me gusta ver el verde en la bolera. Luego llega el verano y cuando se empieza a jugar con asiduidad, el verde desaparece: bolas que arrastran, bolos que triscan... Y esto también me gusta porque es como una certificación, como una prueba de que se ha jugado. Todos los años el ciclo continúa: el juego de bolos reposa, el verde retorna… Además, con la tierra los bolos sufren menos y las bolas también, porque se van frenando antes de llegar a la viga final, no siendo necesario hacer un foso que las detenga.

Se escoja una u otra opción lo importante es jugar y, como ya os he comentado, con una simple viga vieja desechada podéis hacerlo, recuperando de esta manera un juego muy divertido que es una auténtica joya de nuestro patrimonio cultural inmaterial. No podemos ni debemos malgastar el dinero haciendo una bolera excelente que no utilicemos, sino que hay que jugar en ella e implicar en la medida de lo posible, a todo el pueblo para que participe en un proyecto colectivo.


Óscar Ruiz, octubre 2021.