Foso o parabolas:
Antes de reformar o construir una bolera es fundamental pensar en la protección de los materiales con los que luego vamos a jugar, que son los bolos y las bolas.
Ya sabéis que hay varios tipos de boleras, desde las más tradicionales hasta las más modernas, pero si me tuviera que decidir por construir una bolera en uno de los pequeños pueblos de las Merindades, optaría por la combinación de hierro y tierra, reduciendo el cemento a su mínima expresión (tan solo en los cases de tiro). No soy, por lo tanto, muy amigo de las boleras de cemento pulido por la excesiva velocidad que cogen las bolas y el peligro latente de que se rompan al golpearse unas contra otras.
En este tipo de boleras de cemento, a poco cariño que se tenga por las bolas, es imprescindible hacer o bien un foso profundo —como se ve en la imagen de la izquierda de la bolera de Madrid—, o, como alternativa, un sistema de frenado adecuado —como se ve en la imagen de la derecha de la bolera de Villarcayo—. Lamentablemente, algunas boleras con el suelo de cemento no tienen ni lo uno ni lo otro (Cueva de Sotoscueva, Entrambosríos, Espinosa de los Monteros...) y las bolas tiemblan asustadas cuando se ven obligadas a jugar en ellas.
Bordes de las cureñas:
Otro error habitual que se sigue cometiendo al encargar cureñas metálicas es escatimar en las dimensiones del hierro, permitiendo que el cemento bordee las cureñas.
Lo ideal es encargar una chapa más grande en anchura y longitud, mecanizando las ailuetas de las cureñas en su interior. Si el presupuesto es más ajustado, se deben colocar chapas adicionales alrededor para proteger las bolas.
Esto es clave cuando se tira a cuatrear e impacta en la zona marcada con puntos rojos en la imagen (donde no se debe pegar si se quiere que los bolos derribados sean válidos). La imagen corresponde a la bolera de Arroyo de San Zadornil cuando se baja a la calle de la mano. En este caso, no habría deterioro al ser una sola chapa con la cureña marcada en su interior con una radial. Sin embargo, si en esa zona hubiera cemento, como ocurre en muchas boleras, este se deterioraría con los impactos y, a la larga, resultaría fatal para las bolas.
Es esencial, por lo tanto, pensar muy bien en cómo debemos construir la bolera para que las bolas sufran lo menos posible durante el juego.
Óscar Ruiz, octubre de 2019.