Hay personas que califican los campeonatos solo por la cuantía de los premios. Está bien, sin duda, pero yo, en primer lugar, prefiero valorar los concursos por la nobleza de las personas que los organizan y por cómo reciben a los foráneos, sean buenos o malos jugadores.
¿Quién apunta y cobra las inscripciones lo hace con amabilidad? ¿Quiénes hacen de árbitros están atentos y son ecuánimes? Sí, en estos detalles se aprecia la calidad humana, la empatía y la «profesionalidad». Son gestos muy importantes, no solo para los bolos, sino para estrechar lazos entre nuestros pueblos.
De este verano guardo un grato recuerdo de una señora que, a la vez, apuntaba y cobraba en el campeonato de bolos de Hoz de Arreba. Tranquilidad, afabilidad, agilidad, eficacia… son palabras que la definían, y ni siquiera se alteró cuando el tropiezo de un curioso derramó líquido sobre las hojas, donde apuntaba los nombres con la pulcritud de una hábil amanuense.
Óscar Ruiz, octubre de 2019