Hace más de trece años, en un momento en el que los bolos aún no contaban con la protección del BIC en comunidades vecinas como Cantabria o Asturias, inicié mis primeras publicaciones sobre los bolos tradicionales.
Mi propósito siempre ha sido impulsar una visión paneuropea que trascienda comunidades y estados, para que nuestro juego forme parte de la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Así se lo sugerí en su día al Ministerio de Cultura. En aquel tiempo creé mapas, realicé entrevistas, di clases, organicé torneos y grabé vídeos, atendiendo consultas de muchos puntos de España.
Es una alegría ver que hoy ya son Bien de Interés Cultural (BIC) en Andalucía, Murcia y Aragón, y que el proceso avanza en Galicia. En Castilla y León no debería tardar. Durante años insistí ante la Consejería de Cultura en que la declaración no podía limitarse solo a nuestra modalidad de las Merindades, sino que debía abrazar la rica variedad de juegos de bolos, tanto masculinos como femeninos, que dan vida a nuestra tierra. A raíz de esto, la Dirección General de Patrimonio me encargó el informe previo para el expediente. Les entregué un estudio exhaustivo titulado Juegos de Bolos Tradicionales en Castilla y León: Patrimonio Cultural Inmaterial, donde documenté 32 modalidades y cuya esencia compartí en una conferencia técnica en el Museo Etnográfico de Castilla y León, con sede en Zamora.
Es fundamental que las asociaciones sigan manteniendo un firme empuje en este impulso institucional. La declaración BIC es una herramienta valiosa, una «llave» necesaria para entrar en los colegios, proteger las boleras o acceder a presupuestos. Pero las llaves solo funcionan si hay manos dispuestas a girarlas. Lo que realmente mantiene vivo nuestro patrimonio no es un decreto en un boletín oficial, sino nuestro compromiso diario. La verdadera salvaguardia ocurre en las boleras, cuando enseñamos el juego a nuestros hijos y nietos.
Por eso, os animo a perseverar en ese esfuerzo: el institucional, para que la Junta firme de una vez un expediente que suma ya cuatro años de espera; y sobre todo el social, para que la transmisión de abuelos a nietos siga fluyendo con naturalidad. Ahí es donde late la verdadera esencia de nuestros bolos.
Óscar Ruiz, marzo de 2026.